Make your own free website on Tripod.com

 

Testimonios para los Ministros

Capítulo 2

Amonestaciones Fieles y Fervientes

[Flash Player]

El Peligro de Rechazar la Verdad.

Cooranbong, Australia, 30 de mayo de 1896.

Querido Hno.- :

He regresado de nuestra reunión de oración. El espíritu de intercesión vino sobre mí, y fui arrebatada en una muy ferviente plegaria por las almas en Battle Creek. Yo conozco el peligro en que éstas están. El Espíritu Santo me ha conmovido en forma especial para elevar mis peticiones en favor de ellas.

Dios no es el autor de algo pecaminoso. Nada debe temerse como raro si el cumplimiento del deber lo exige. Si el evitar el pecado nos hace raros, entonces nuestra rareza es meramente la distinción entre la pureza y la impureza, la justicia y la injusticia. Porque la multitud prefiera la senda de transgresión, ¿escogeremos transitar por ella? Se nos ha dicho claramente por la inspiración: "No seguirás a los muchos para mal hacer". Nuestra posición debe definirse con claridad: "Yo y mi casa serviremos a Jehová".

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron". "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". Anhelaría que cada uno de aquellos cuyos nombres se hallan inscriptos en los libros de la iglesia pudiera pronunciar estas palabras de todo corazón. Los miembros de la iglesia necesitan saber por experiencia lo que el Espíritu Santo hará por ellos. Bendecirá al que lo reciba y lo convertirá en una bendición. Es triste que no todas las almas estén orando por el soplo vital del Espíritu; porque estamos a punto de morir si no recibimos ese soplo.

Hemos de orar por la impartición del Espíritu como el remedio para las almas enfermas. La iglesia necesita convertirse, ¿y por qué no hemos de postrarnos ante el trono de la gracia, como representantes de la iglesia, y con un corazón quebrantado y un espíritu contrito elevar fervientes súplicas para que el Espíritu Santo sea derramado sobre nosotros desde lo alto? Oremos porque cuando sea generosamente concedido, nuestros fríos corazones revivan, y tengamos discernimiento para comprender que procede de Dios, y lo recibamos con gozo. Algunos han tratado al Espíritu como a un huésped no bienvenido, apartándose de él, y condenándolo como fanatismo.

Cuando el Espíritu Santo mueve al agente humano, no nos pregunta de qué manera ha de guiarlo. A menudo lo usa de maneras inesperadas. Cristo no vino en la forma en que los judíos lo esperaban. No vino de una manera tal que los glorificara como nación. Su precursor vino a preparar el camino para él, llamando al pueblo a arrepentirse de sus pecados, a, convertirse y bautizarse. El mensaje de Cristo fue: "El reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al Evangelio". Los judíos rehusaron recibir a Cristo, porque él no vino según la forma en que lo esperaban. Las ideas de hombres finitos eran tenidas como infalibles, porque eran de venerable edad. Este es el peligro al cual la iglesia se halla expuesta ahora, es a saber, que las invenciones del hombre finitos determinen la forma precisa en que debe venir el Espíritu Santo. Aunque no quieran reconocerlo, algunos ya han hecho esto. Y porque el Espíritu ha de venir, no para alabar a los hombres o para construir sus erróneas teorías, sino para reprobar al mundo de pecado, de justicia y de juicio, muchos se apartan de el. No están dispuestos a ser despojados de su justicia propia. No están dispuestos a cambiar su justicia, que es injusticia, por la justicia de Cristo, que es la verdad pura no adulterada. El Espíritu Santo no adula a ningún hombre, ni trabaja de acuerdo con el designio de algún hombre. Los hombres finitos, pecadores, no han de manejar al Espíritu Santo. Cuando éste venga como un reprobador, por medio de cualquier agente humano a quien Dios escoja, le toca al hombre oír y obedecer su voz.

LA OBRA MANIFIESTA DEL ESPÍRITU SANTO

Precisamente antes de dejarlos, Cristo les dio a sus discípulos la promesa: "Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra". "Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Mientras estas palabras estaban en sus labios, ascendió, una nube de ángeles lo recibió, y lo escoltó a la ciudad de Dios. Los discípulos regresaron a Jerusalén, sabiendo ahora en forma segura que Jesús era el Hijo de Dios. La fe quedó libre de sombras, y ellos esperaron preparándose por medio de la oración y la humillación de sus corazones delante del Señor, hasta que vino el bautismo del Espíritu Santo. "Y como se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos; y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen". En esa asamblea había burladores, que no reconocieron la obra del Espíritu Santo, y dijeron: "Están llenos de mosto". "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzo su voz y hablóles diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oid mis palabras. Porque estos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día; mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel". Leed la historia. El Señor obraba siguiendo su propio método; pero si hubiera habido tal manifestación entre nosotros, sobre los cuales los fines del mundo han parado, ¿no se habrían mofado algunos, como en esa oportunidad? Los que no se colocaron bajo la influencia del Espíritu Santo no lo reconocieron. A esta clase de personas los discípulos les parecieron hombres ebrios.

TESTIGOS DE LA CRUZ

Después del derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos, revestidos de la panoplia divina, salieron como testigos, a contar la maravillosa historia del pesebre y la cruz. Eran hombres humildes, pero salieron con la verdad. Después de la muerte de su Señor eran un grupo desvalido, chasqueado y desanimado, como ovejas sin pastor; pero ahora salen como testigos de la verdad, sin otras armas que la Palabra y el Espíritu de Dios, para triunfar sobre toda oposición.

Su Salvador había sido rechazado, condenado y clavado en una cruz ignominiosa. Los sacerdotes y gobernantes judíos habían declarado burlonamente: "A otros salvó, a sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él". Pero esa cruz, ese instrumento de vergüenza y tortura, trajo esperanza y salvación al mundo. Los creyentes se reanimaron y reunieron; su desesperanza y su consciente sentimiento de desvalidez los había abandonado. Fueron transformados en carácter y unidos en los lazos del amor cristiano. Aunque carecían de riquezas, aunque eran reputados por el mundo como meros pescadores ignorantes, fueron hechos, por el Espíritu Santo, testigos de Cristo. Sin honores o reconocimiento terrenal, eran los héroes de la fe. De sus labios salieron palabras de divina elocuencia y poder que conmovieron al mundo.

El tercero, cuarto y quinto capítulos de Hechos presentan un relato de su testimonio. Aquellos que habían rechazado y crucificado al Salvador esperaban hallar a sus discípulos desanimados, cabizbajos, y listos para repudiar a su Señor. Con pavor escucharon el claro y valeroso testimonio dado bajo el poder del Espíritu Santo. Las palabras y obras de los discípulos representaban las palabras y obras de su Maestro; y todos los que los oían decían: Han aprendido de Jesús, hablan como él habló. "Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos".

Los príncipes de los sacerdotes y gobernantes se creyeron competentes para decidir lo que los apóstoles debían hacer y enseñar. Al ir predicando a Jesús por doquiera, los hombres que eran manejados por el Espíritu Santo hicieron muchas cosas que los judíos no aprobaban. Había peligro de que las ideas y las doctrinas de los rabinos cayeran en desprestigio. Los apóstoles estaban creando una maravillosa excitación. El pueblo traía a las calles a sus enfermos y a los que eran molestados por espíritus inmundos; las multitudes se reunían en torno de ellos, y los que hablan sido sanados pregonaban las alabanzas de Dios y glorificaban el nombre de Jesús, el mismo a quien los judíos habían condenado, escarnecido, escupido, coronado de espinas, y al cual habían azotado y crucificado. Este Jesús era exaltado por encima de los sacerdotes y los príncipes. Los apóstoles aun declaraban que había resucitado de los muertos. Los gobernantes judíos decidieron que esta obra debía ser detenida, porque demostraba que ellos eran culpables de la sangre de Jesús. Vieron que los conversos a la fe se multiplicaban. "Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres".

ARRESTO Y PRISIÓN DE LOS APÓSTOLES

Entonces se levantó "el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los saduceos", los cuales sostenían que no habría resurrección de los muertos. Las aseveraciones hechas por los apóstoles de que habían visto a Jesús después de su resurrección y que él había ascendido al cielo, estaban destruyendo los principios fundamentales de la doctrina de los saduceos. Esto no debía permitirse. Los sacerdotes y los príncipes se llenaron de indignación y echaron mano de los apóstoles, y los pusieron en la cárcel común. Los discípulos no se sintieron intimidados o abatidos. Recordaron las palabras que Cristo les haba dado en las últimas lecciones: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre y yo le amaré, y me manifestaré a él". "Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mi. Estas cosas os he hablado, para que no os escandalicéis. Os echarán de las sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios. Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni a mí. Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis que yo os lo había dicho".

UNA PREDICACIÓN CONTRARIA A LAS DOCTRINAS ESTABLECIDAS

"Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida". Vemos aquí que los hombres que tienen autoridad no siempre han de ser obedecidos, aun cuando profesen ser maestros de la doctrina bíblica. Hay muchas personas hoy en día que se sienten indignadas y agraviadas de que alguna voz se levante para presentar ideas que difieran de las suyas con respecto a puntos definidos de creencias religiosas. ¿No han defendido ellos por mucho tiempo sus ideas como la verdad? Así, los sacerdotes y rabinos razonaban en los días apostólicos: ¿Qué quieren decir estos hombres que no tienen educación, algunos de ellos meros pescadores, que presentan ideas contrarias a las doctrinas que los sabios sacerdotes y príncipes enseñan al pueblo? No tienen derecho a entrometerse en los principios fundamentales de nuestra fe. Pero vemos que el Dios del cielo a veces comisiona a los hombres a enseñar aquello que es considerado como contrario a las doctrinas establecidas. Debido a que los que una vez eran los depositarios de la verdad se manifestaron infieles a su sagrado cometido, el Señor escogió a otros que habían de recibir los brillantes rayos del Sol de Justicia, y que defenderían verdades que no estaban de acuerdo con las ideas de los dirigentes religiosos. Y entonces estos conductores, en la ceguera de sus mentes, dan pleno curso a lo que se cree una indignación justa contra los que han puesto a un lado fábulas acariciadas. Actúan como hombres que han perdido la razón. No consideran la posibilidad de que ellos mismos no hayan entendido correctamente la palabra. No quieren abrir sus ojos para discernir el hecho de que han interpretado mal y aplicado erróneamente las Escrituras, y han edificado falsas teorías, a las que denominan doctrinas fundamentales de la fe.

Pero el Espíritu Santo, de tiempo en tiempo, revelará la verdad por medio de sus propios agentes escogidos; y ningún hombre, ni siquiera un sacerdote o príncipe, tiene el derecho de decir: Ud. no dará publicidad a sus opiniones, porque yo no creo en ellas. Ese maravilloso "yo" puede intentar derribar la enseñanza del Espíritu Santo. Los hombres pueden por un tiempo intentar aplastarla y matarla; pero esto no convertirá el error en verdad o la verdad en error. Las mentes inventivas de los hombres han adelantado opiniones especulativas en varios ramos, y cuando el Espíritu Santo permite que la luz brille en las mentes humanas, esta luz no respeta todo punto de la aplicación que de la palabra hace el hombre. Dios impresionó a sus siervos a hablar la verdad al margen de lo que los hombres han dado por sentado como verdad.

PELIGROS ACTUALES

Todo adventista del séptimo día está en peligro de cerrar sus ojos a la verdad como es en Jesús, porque contradiga algo que han dado por sentado como verdad pero que, según lo enseña el Espíritu Santo, no es verdad. Sean todos muy modestos, y con todo fervor traten de descartar el yo para exaltar a Jesús. En la mayor parte de las controversias religiosas el fundamento del problema es que el yo lucha por la supremacía. ¿Sobre qué se discute? Sobre asuntos que no son en absoluto puntos vitales, y que se consideran como tales sólo porque los hombres les han dado importancia. (Véase Mat. 12: 31-37; Mar. 14: 56; Luc. 5:21; Mat. 9: 3.)

Pero sigamos la historia de los hombres a quienes los sacerdotes y los príncipes creyeron tan peligrosos, porque presentaban una enseñanza nueva y extraña sobre casi cada tema teológico. La orden dada por el Espíritu: "Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida", fue obedecida por los apóstoles; "entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso, diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas, mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Pero viniendo uno, dióles esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fue el magistrado con los ministros, y trájolos sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados".

Si los sacerdotes y los príncipes se hubieran atrevido a realizar sus propios sentimientos hacia los apóstoles, habría un relato diferente, pues el ángel del Señor vigilaba en esta ocasión para magnificar el nombre de Cristo si se hubiera recurrido a alguna violencia hacia sus siervos.

RESPUESTAS DE LOS APÓSTOLES

"Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó, diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y he aquí, habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre". (Véase Mat. 3: 34, 35.) "Y respondiendo Pedro y los apóstoles dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús al cual vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos".

Entonces el Espíritu Santo se posesionó de Gamaliel, un fariseo, "doctor de la ley, venerable a todo el pueblo". Su consejo fue: "Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios. Y convinieron con él.

PREJUICIOS DE LOS QUE DETESTABAN LA AUTORIDAD

Sin embargo, los atributos de Satanás dominaron de tal suerte sus mentes que, a pesar de los maravillosos milagros que se habían obrado en el sanamiento de los enfermos y en la liberación de los siervos de Dios de la cárcel, los sacerdotes y gobernantes estaban tan llenos de prejuicio y de odio que difícilmente podían refrenarse. "Y llamando a los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y soltáronlos. Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo".

LA MISERICORDIA DE DIOS EJEMPLIFICADA

Podemos ver qué evidencias fueron dadas a los sacerdotes y a los príncipes, y cuán firmemente resistieron al Espíritu de Dios. Los que pretenden poseer sabiduría y piedad superiores pueden cometer los más terribles y fatales errores (para ellos mismos ) si permiten que su mente sea amoldada por otro Poder, y siguen una conducta de resistencia al Espíritu Santo. El Señor Jesús, representado por el Espíritu Santo, se hallaba en aquella asamblea, pero no discernieron su presencia. Por un momento habían sentido la convicción obrada por el Espíritu, de que Jesús era el Hijo de Dios; pero sofocaron la convicción, y se cegaron y endurecieron más que antes. Aun después de haber crucificado al Salvador, Dios en su misericordia les había enviado evidencia adicional en obras realizadas por los apóstoles. Les estaba enviando otro llamado al arrepentimiento, aun en la terrible acusación que trajeron contra ellos los apóstoles, es a saber, que habían muerto al Príncipe de la vida.

No era solamente el pecado de entregar a la muerte al Hijo de Dios lo que los separaba de la salvación, sino su persistencia en rechazar la luz y, la convicción del Espíritu Santo. El Espíritu que obra en los hijos de desobediencia obró en ellos, induciéndolos a cometer abusos con los hombres por Cuyo intermedio Dios estaba presentándoles un testimonio. La malignidad de la rebelión reapareció, y fue intensificada en cada hecho sucesivo de resistencia contra los siervos de Dios y el mensaje que él les había dado para que declararan.

RESISTENCIA A LA VERDAD

Todo hecho de resistencia hace más difícil rendirse. Siendo los dirigentes del pueblo, los sacerdotes y príncipes, creyeron que les incumbía defender la conducta que habían seguido. Debían probar que estaban en lo cierto. Habiendo manifestado ellos mismos su oposición a Cristo, todo hecho de resistencia llegó a ser un incentivo adicional para persistir en la misma senda. Los acontecimientos de su carrera pasada de oposición son como preciosos tesoros que deben ser celosamente guardados. Y el odio y la malignidad que inspiraron aquellos actos se concentran contra los apóstoles.

El Espíritu de Dios manifestó su presencia a aquellos que, al margen del temor o el favor de los hombres, declaraban la verdad que les había sido encomendada. Bajo la demostración del poder del Espíritu Santo, los Judíos vieron su culpa al rechazar la evidencia que Dios les había enviado; pero no quisieron ceder en su malvada resistencia. Su obstinación se hizo mas y más determinada, y obró la ruina de sus almas. No era que no podían ceder, pues podían hacerlo; sin embargo no quisieron. No se trataba sólo de que habían sido culpables y merecían ser objetos de la ira, sino que se armaron a sí mismos de los atributos de Satanás, y determinadamente continuaron oponiéndose a Dios. Día tras día, al rehusar arrepentirse, renovaban su rebelión. Se estaban preparando para cosechar lo que habían sembrado. La ira de Dios no se declara contra los hombres meramente a causa de los pecados que han cometido, sino porque escogen continuar en un estado de resistencia, y, aun cuando tengan luz y conocimiento, repiten sus pecados del pasado. Si quisieran someterse, serían perdonados; pero están determinados a no rendirse. Desafían a Dios con su obstinación. Estas almas se han entregado a Satanás, y él las domina según su voluntad.

¿Qué ocurrió con los rebeldes habitantes del mundo antediluviano? Después de rechazar el mensaje de Noé se entregaron al pecado con mayor abandono que nunca antes, y duplicaron la enormidad de sus corruptas prácticas. Aquellos que rehusan reformarse aceptando a Cristo, no encuentran en el pecado nada que los reforme; sus mentes están dispuestas a proseguir su espíritu de rebelión, y no se ven ni nunca se verán obligados a la sumisión. El juicio que el Señor trajo sobre el mundo antediluviano declaró que éste era incurable. La destrucción de Sodoma proclamó que los habitantes del más hermoso país del mundo estaban entregados incorregiblemente al pecado. Fuego y azufre del cielo consumieron todo lo que habla, excepto a Lot, su esposa y dos hijas. "La esposa, al mirar hacia atrás, desoyendo la orden de Dios, se volvió una estatua de sal.

¡Cómo tuvo Dios paciencia con la nación de los judíos mientras murmuraban con rebeldía, quebrantando el sábado y todos los demás preceptos de la ley! El Señor declaró repetidamente que eran peor que paganos. Cada generación excedió a la precedente en culpa. El Señor permitió que fueran llevados en cautiverio, pero después de su liberación sus requerimientos fueron olvidados. Todo lo que él confiaba a ese pueblo para que lo guardase como sagrado fue pervertido o dislocado por las intenciones de los hombres rebeldes. Cristo les dijo en sus días: "¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley?" Y éstos son los hombres que se erigieron como jueces y censores de aquellos a quienes el Espíritu Santo estaba guiando para declarar la Palabra de Dios al pueblo. (Véase Juan 7: 19-23, 27, 28; Luc. 11: 37-52.)

HA DE QUITARSE TODO IMPEDIMENTO AL ESPÍRITU SANTO

Leedle estos pasajes de la Biblia al pueblo. Leed cuidadosa, solemnemente, y el Espíritu Santo estará a vuestro lado para impresionar las mentes mientras leáis para ellas. Pero no dejéis de leer teniendo el verdadero sentido de las palabras en vuestro propio corazón. Si Dios alguna vez ha hablado por mi intermedio, estos pasajes significan mucho para los que los escuchen.

Los hombres finitos deben cuidarse de tratar de controlar a sus semejantes, ocupando el lugar asignado al Espíritu Santo. No sientan los hombres que es su prerrogativa dar al mundo lo que ellos piensan que es la verdad, e impedir que se les dé algo contrario a sus ideas. Esta no es obra suya. Muchas cosas aparecerán distintamente como verdad, sin embargo no serán aceptables para aquellos que creen que su propia interpretación de las Escrituras siempre es correcta. Habrá que realizar los más decididos cambios con respecto a ciertas ideas que algunos han aceptado como perfectas. Estos hombres dan evidencia de falibilidad en muchísimas maneras; trabajan a base de principios que la Palabra de Dios condena. Lo que me convence hasta lo más profundo de mi ser, y me hace saber que sus obras no son las obras de Dios, es que ellos suponen que tienen autoridad para gobernar a sus semejantes. El Señor no les ha dado más derecho a gobernar a otros que el derecho que ha dado a otros para gobernarlos a ellos. Los que pretenden detentar el gobierno de sus semejantes, toman en sus manos finitas una obra que recae solamente sobre Dios.

El que los hombres conserven vivo el espíritu que gobernó el alboroto de Minneápolis es una ofensa para Dios. Todo el cielo está indignado del espíritu que durante años se ha manifestado en nuestra institución publicadora de Battle Creek. Se practica un tipo de injusticia que Dios no tolerará. El intervendrá a causa de estas cosas. Se ha oído una voz señalando los errores y, rogando, en el nombre del Señor, que se estudiara un cambio decidido. ¿Pero quién ha escuchado la instrucción dada? ¿Quién ha humillado su corazón para quitar todo vestigio de ese espíritu malvado y opresor? He tenido la gran preocupación de presentar estos asuntos como son ante el pueblo. Yo sé que los verán. Sé que los que lean este asunto serán convencidos.

Un Mensaje Fiel

Hobart, Tasmania, 1º de mayo de 1895.

MUCHOS HAN DEJADO ATRÁS SU FE ADVENTISTA

Porque la iniquidad abunda, el amor de muchos se resfriará. Hay muchos que han dejado atrás su fe adventista. Están viviendo para el mundo y mientras expresan el deseo de su corazón, "mi Señor se tarda en venir", están castigando a sus consiervos. Hacen esto por la misma razón por la cual Caín mató a Abel. Abel estaba decidido a adorar a Dios de acuerdo con las instrucciones que Dios le había dado. Esto desagradó a Caín. El pensó que sus propios planes eran mejores, y que el Señor se avendría a su procedimiento. Caín en su ofrenda no reconoció su dependencia de Cristo. Pensó que su padre Adán había sido tratado duramente al ser expulsado del Edén. La idea de conservar ese pecado siempre ante la mente, y ofrecer la sangre del cordero inmolado como una confesión de la dependencia de un poder ajeno a sí mismo, era una tortura para el soberbio espíritu de Caín. Siendo él mayor, creyó que Abel debía seguir su ejemplo. Cuando la ofrenda de Abel fue aceptada por Dios, y el fuego santo consumió el sacrificio, el enojo de Caín fue excesivamente grande. El Señor condescendió en explicarle este asunto; pero él no quiso reconciliarse con Dios, y aborreció a Abel porque Dios le manifestó su favor. Se enojó tanto que mató a su hermano.

El Señor tiene una controversia con todos los hombres que por su incredulidad y sus dudas han estado diciendo que él demora su venida, y han estado hiriendo a sus consiervos, comiendo y bebiendo con los borrachos (trabajando en base al mismo principio que ellos); están ebrios, pero no con vino; tambalean, pero no a causa de bebida fuerte. Satanás ha controlado su razón, y no saben en qué están tropezando.

RESULTADO DE LA SEPARACIÓN DE DIOS

Tan pronto como un hombre se separa de Dios, de manera que su corazón deja de estar bajo el poder subyugante del Espíritu Santo, los atributos de Satanás se revelan en él, y comienza a oprimir a sus semejantes. Emana de él una influencia que es contraria a la verdad y la justicia. Esta disposición se manifiesta en nuestras instituciones, no sólo en la relación de los obreros entre sí, sino en el deseo manifestado por una institución de dominar a todas las otras. Personas a quienes se les han confiado pesadas responsabilidades, pero que no tienen una relación viva con Dios, han estado y están manifestando despecho hacia su Santo Espíritu. Están condescendiendo con el mismo espíritu que tenían Coré, Datán y Abiram y los judíos en los días de Cristo. (Véase Mat. 12: 22-29, 31- 37.) Han llegado amonestaciones de Dios una y otra vez para estos hombres, pero ellos las han hecho a un lado y han continuado con su misma conducta.

Leed las palabras de Cristo que se hallan en Mateo 23: 23 : "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es a saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro". Estas denuncias se dan como una amonestación a todos los que "de fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad". Los tales dicen: Estamos decididos a hacer todas estas cosas. Dicen también: "Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas. Así que -dijo Jesús-, testimonio dais a vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas". ¡Qué lecciones encontramos aquí! ¡Cuán terribles y decisivas! Jesús dijo: "Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad". Esta profecía fue literalmente cumplida por los judíos en la forma de tratar a Jesús y a los mensajeros a quienes Dios les mandó. ¿Seguirán los hombres en estos últimos días el ejemplo de aquellos a quienes Cristo condenó?

Estas terribles predicciones ellos no las han cumplido todavía en forma plena; pero si el Señor les conserva la vida, y alimentan el mismo espíritu que señaló su conducta antes y después de la reunión de Minneápolis, colmarán la medida con los hechos de aquellos a quienes Cristo condenó cuando estaba en la tierra.

Los peligros de los últimos días están sobre nosotros. Satanás gobierna toda mente que no se halla en forma decidida bajo el control del Espíritu de Dios. Algunos han estado cultivando odio contra los hombres a quienes Dios ha comisionado para presentar un mensaje especial al mundo. Comenzaron esta obra satánica en Minneápolis. Más tarde, cuando vieron y sintieron la demostración del Espíritu Santo que testificaba que el mensaje era de Dios, lo odiaron más, porque era un testimonio contra ellos. No quisieron humillar sus corazones para arrepentirse, para dar a Dios la gloria y vindicar la justicia. Continuaron con su mismo espíritu, lleno de envidia, de celo, y de malas sospechas, al igual que los judíos. Abrieron sus corazones al enemigo de Dios y del hombre. Sin embargo, estos hombres han estado ocupando puestos de confianza y han estado modelando la obra a su propia semejanza, hasta el punto en que les fue posible...

EXHORTACIÓN AL ARREPENTIMIENTO

Los que ahora son primeros, que han sido infieles a la causa de Dios, pronto serán los últimos, a menos que se arrepientan. A menos que rápidamente caigan sobre la Roca y sean quebrantados, y nazcan de nuevo, el espíritu que ha sido cultivado continuará cultivándose. La dulce voz de la misericordia no será reconocida por ellos. La religión, en público y en privado, es para ellos una cosa del pasado. Han estado celosamente arengando contra el entusiasmo y el fanatismo. La fe que pide a Dios que alivie el sufrimiento humano, la fe que Dios ha encarecido a su pueblo que ejerza, es llamada fanatismo. Pero si hay algo sobre la tierra que debe inspirar a los hombres un celo santificado, es la verdad como es en Jesús. Es la grandiosa obra de la redención. Es Cristo, hecho para nosotros sabiduría, y justicia, y santificación y redención.

El Señor ha manifestado reiteradamente en su providencia que nada menos que la verdad revelada, la Palabra de Dios, puede rescatar al hombre del pecado o guardarlo de la transgresión. Esa Palabra que revela la culpa del pecado tiene un poder sobre el corazón humano para hacer al hombre justo y para conservarlo en esta condición. El Señor ha dicho que su Palabra ha de ser estudiada y obedecida; ha de ser llevada a la vida práctica; esa Palabra es tan inflexible como el carácter de Dios: es la misma ayer, y hoy y por los siglos.

LO QUE VERDADERAMENTE INSPIRA ENTUSIASMO

Si hay algo en nuestro mundo que debe inspirar entusiasmo, es la cruz del Calvario. "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él". "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Cristo ha de ser aceptado, creído y exaltado. Este ha de ser el tema de la conversación: el carácter precioso de Cristo.

LA VERDAD HA DE SER ENTRONIZADA EN EL CORAZÓN

Hay en Battle Creek una clase de hermanos que tienen la verdad implantada en el corazón. Esta es para ellos el poder de Dios para salvación. Pero a menos que la verdad sea entronizada en el corazón, y se manifieste un cambio cabal de las tinieblas a la luz, los que manejan sagradas responsabilidades son ministros de las tinieblas, ciegos guías de ciegos. "Nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados". Dios exige que cada alma que se nombra de su nombre tenga la verdad entronizada en el corazón. El tiempo en que vivimos lo exige. La eternidad lo demanda. La religión pura nos lo impone.

Diversiones Mundanas

PARTIDAS DE PLACER

Aunque ha habido tanto temor a la excitación y al entusiasmo en el servicio de Dios, se ha manifestado un entusiasmo en otro aspecto que congenia completamente con la naturaleza de muchos. Me refiero a las partidas de placer que se han realizado entre nuestro pueblo. Estas ocasiones han insumido mucho del tiempo y de la atención de los hermanos que profesan ser siervos de Cristo; pero ¿han tendido estas reuniones a glorificar el nombre del Señor? ¿Fue invitado Jesús a presidirlas? Pueden realizarse reuniones para tener intercambio social que sean provechosas e instructivas en el más alto grado cuando los que se reúnen tienen el amor de Dios encendido en sus corazones, cuando se reúnen para intercambiar pensamientos con respecto a la Palabra de Dios, o para considerar métodos para hacer progresar su obra, y para hacer bien a sus semejantes. Cuando no se hace ni se dice nada que agravie al Espíritu Santo de Dios, sino que se considera a este poder como huésped divino, entonces Dios es honrado, y los que se reúnen son refrigerados y fortalecidos. "Entonces los que temen a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer".

Pero ha habido una clase de reuniones sociales en Battle Creek de un carácter enteramente distinto, partidas de placer que han sido una desgracia para nuestras instituciones y para la iglesia. Estimulan el orgullo en el vestir, el orgullo de la apariencia, la complacencia propia, la hilaridad, y la frivolidad. Satanás es recibido como un huésped honrado, y él toma posesión de los que patrocinan estas asambleas. Me fue presentada una vista de un grupo semejante, donde estaban reunidos los que profesan creer la verdad. Uno se hallaba a cargo del instrumento de música, y salían tales cánticos que hacían que los ángeles presentes lloraran. Había alegría, risas ordinarias; había abundancia de entusiasmo, y una cierta clase de inspiración; pero la alegría era de un tipo tal que Satanás es el único capaz de crear. Este es un entusiasmo y una infatuación de los cuales se avergonzarán todos los que aman a Dios. Prepara a los participantes para el pensamiento y la acción impíos. Tengo razones para pensar que algunos que estaban participando en esa escena se arrepintieron sinceramente de los actos vergonzosos.

EFECTOS DE TALES REUNIONES

Muchas reuniones por el estilo me fueron presentadas. He visto la jovialidad, la ostentación en el vestir, los adornos personales. Todos querían que se los considerara brillantes, y se entregaban a la hilaridad, a las chanzas necias, a la adulación barata y grosera, y a las risotadas ruidosas. Los ojos centellean, las mejillas están encendidas, la conciencia duerme. Al comer y beber y parrandear hacen lo mejor que pueden para olvidar a Dios. La escena de placer es su paraíso. Y el cielo está observando, mirando y escuchando,

EL DEPORTE DEL CICLISMO

Vamos a otra escena. En las calles de la ciudad hay una partida reunida para una carrera de bicicletas. En ese grupo también se encuentran los que profesan conocer a Dios y a Jesucristo a quien él ha enviado. ¿Pero quién que presencie la excitante carrera pensaría que aquellos que se están exhibiendo de esta manera son los seguidores de Cristo? ¿Quién supondría que algunos de los que constituyen esa partida sienten su necesidad de Cristo? ¿Quién pensaría que se han dado cuenta del valor de su tiempo y de sus facultades físicas como dones de Dios para ser preservadas para su servicio? ¿Quién piensa en el peligro del accidente, o que la muerte puede ser el resultado de su alocada persecución? ¿Quién ha orado por la presencia de Jesús y la protección de los ángeles ministradores? ¿Es glorificado Dios por estos actos? Satanás está jugando el juego de la vida por la posesión de estas almas, y a él le agrada lo que ve y lo que oye.

UNA PROFANACIÓN DE LA RELIGIÓN

Quien una vez fue ferviente cristiano y participa de estos deportes se halla cuesta abajo. Ha dejado la región saturada de la atmósfera vital del cielo, y se ha sumergido en una atmósfera de niebla y confusión. Puede ser que algún humilde creyente sea inducido a unirse en estos deportes. Pero si mantiene su relación con Cristo, no puede participar de corazón en la excitante escena. Las palabras que oye no concuerdan con su forma de ser, porque no son el lenguaje de Canaán. Los que hablan no dan evidencia de estar produciendo melodía en sus corazones para con Dios. Mas hay una inconfundible evidencia de que Dios ha sido olvidado. El no está en todos sus pensamientos. Estas partidas de placer, y reuniones deportivas excitantes, compuestas por aquellos que profesan ser cristianos, son una profanación de la religión y del nombre de Dios.

UNA OBRA ENGAÑOSA DE SATANÁS

El tenor de la conversación revela el tesoro del corazón. La conversación barata, común, las palabras de adulación, los dichos agudos e insensatos, expresados para producir risa, son la mercadería de Satanás, y todos los que condescienden en este tipo de conversación están mercando con sus bienes. Los que escuchan estas cosas reciben impresiones similares a las que recibió Herodes cuando la hija de Herodías danzó ante él. Todas estas transacciones son registradas en los libros del cielo, y en el día final aparecerán en su verdadera luz ante los culpables. Entonces todos discernirán en ellas la obra tentadora y engañosa del demonio, para inducirles por la senda ancha y por la puerta espaciosa que se abre para su ruina.

CRISTIANOS PROFESOS COMO SEÑUELOS DE SATANÁS

Satanás ha estado multiplicando sus trampas en Battle Creek; y algunos cristianos profesos que son superficiales en su carácter y en su experiencia religiosa son usados como señuelo. Esta clase de personas está siempre lista para las reuniones de placer o de deportes, y su influencia atrae a otros. Jóvenes y señoritas que han tratado de ser cristianos bíblicos son persuadidos a unirse a la partida, y entran por el aro. No han consultado con oración la norma divina, para aprender lo que Cristo ha dicho con respecto al fruto que ha de llevar el árbol cristiano. No disciernen que estos entretenimientos son realmente un banquete de Satanás, preparado para impedir que las almas acepten el llamado a la cena de bodas del Cordero; les impide recibir el manto blanco del carácter, que es la justicia de Cristo. Quedan confundidos con respecto a lo que les es lícito hacer como cristianos. No quieren que se piense que son raros, y naturalmente se inclinan a seguir el ejemplo de los demás. Así caen bajo la influencia de los que nunca tuvieron el toque divino en el corazón o en la mente.

En estas reuniones excitantes, seducidos por el hechizo y la pasión de la influencia humana, jóvenes que han sido cuidadosamente instruidos a obedecer la ley de Dios, son inducidos a vincular sus afectos con aquellos cuya educación ha sido un error, y cuya experiencia religiosa ha sido un fraude. Se venden a un vínculo que dura toda la vida. Mientras vivan, tendrán que ser estorbados por su unión con un carácter barato y superficial, con uno que vive para la ostentación, pero que no tiene el ornamento precioso e interior de un espíritu manso y tranquilo, que a la vista de Dios es de gran precio. Cuando la enfermedad y la muerte visiten a los que han vivido meramente para agradarse a sí mismos, ellos encontrarán que no se han provisto de aceite en las vasijas de sus lámparas, y se verán totalmente ineptos para cerrar la historia de su vida. Esto ha ocurrido, y continuará ocurriendo.

Preguntamos acerca de los que han tenido gran luz en Battle Creek: ¿Ha perdido la verdad de Dios su influencia sobre el alma? ¿Se ha empañado el oro fino? ¿Cuál ha sido la causa de este fanatismo y de este entusiasmo? Una terrible responsabilidad descansa sobre los padres amadores del mundo y egoístas, porque el pecado yace a su puerta. ¡Cuánto más favorable sería si los edificios de la escuela que están ahora en Battle Creek se hallaran lejos de la ciudad, y separados de una colonia tan grande de procesos observadores del sábado!

UNA CONVICCIÓN DEPLORABLE GANA TERRENO

Gana terreno en el mundo la convicción de que los adventistas del séptimo día están dando a la trompeta un sonido incierto, y que están siguiendo en la senda de la mundanalidad. Familias en Battle Creek están apartándose de Dios, al planear esponsales con personas que no tienen amor por Dios, con personas que han llevado una vida frívola, que nunca han practicado la abnegación, y no conocen por experiencia lo que significa ser obreros juntamente con Dios. Están haciéndose transacciones extrañas. Se reciben y se enseñan falsos aspectos del cristianismo, los cuales atan a las almas al engaño y la ilusión. Los hombres caminan a la luz de las chispas de su propio encendido. Los que aman y temen a Dios no descenderán al nivel del mundo al elegir la sociedad de los vanos y los frívolos. No quedarán encantados por hombres o mujeres que no se hayan convertido. Han de permanecer firmes por Jesús, y entonces Jesús los sostendrá.

TRATO DESHONESTO EN LOS NEGOCIOS

Algunos de los que conocen la verdad, pero que no la practican, están pisoteando la ley de Dios en sus transacciones comerciales. No debemos tener asociación íntima con ellos, no sea que captemos el mismo espíritu, y compartamos la condenación que les corresponda. El patriarca Jacob, cuando hablaba de ciertos hechos de sus hijos, que él contemplaba con horror, exclamó: "En su secreto no entre mi alma, ni mi honra se junte en su compañía". Sentía que su propio honor se vería comprometido si se asociaba con los pecadores en sus hechos. Eleva la señal de peligro para amonestarnos contra tales asociaciones, no sea que nos hagamos participes de sus malos hechos. El Espíritu Santo, mediante el apóstol Pablo, pronuncia una advertencia similar: "Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas".

LA VERDADERA ACTITUD DEL CRISTIANO

El Dios eterno ha trazado la línea de distinción entre los santos y los pecadores, los convertidos y los inconversos. Las dos clases no se mezclan imperceptiblemente como los colores del arco iris. Son tan distintas como el mediodía de la medianoche.

Los que buscan la justicia de Cristo se espaciarán en los temas de la gran salvación. La Biblia es el almacén que surte sus almas de alimento nutritivo. Meditan en la encarnación de Cristo, contemplan el gran sacrificio hecho para salvarlos de la perdición, para llevarles perdón, paz y justicia eterna. El alma está encendida con estos temas grandiosos y elevadores. La santidad y la verdad, la gracia y la justicia, ocupan sus pensamientos. El yo muere, y Cristo vive en sus siervos. Al contemplar la Palabra, sus corazones arden dentro de ellos, como ocurrió con los corazones de los discípulos mientras iban hacia Emaús y Cristo anduvo con ellos por el camino, y les abrió las Escrituras concernientes a él mismo.

¡Cuán pocos se dan cuenta de que Jesús, el invisible, camina a su lado! ¡Cuán avergonzados se sentirían muchos de oír su voz hablándoles, y de saber que él ha oído toda su conversación insensata y común! ¡Y cuántos corazones arderían con santo gozo si tan sólo supieran que el Salvador está a su lado, que la atmósfera santa de su presencia los rodea, y que están alimentándose del pan de vida! ¡Cuánto le agradaría al Salvador oír a sus seguidores hablando de las preciosas lecciones de instrucción que él dio, y saber que ellos tienen apetencia por las cosas santas! Cuando la verdad mora en el corazón, no hay lugar para criticar a los siervos de Dios, o para encontrar faltas en el mensaje que él envía. Lo que está en el corazón fluirá de los labios. No puede ser reprimido. Las cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman serán el tema de su conversación. El amor de Cristo está en el alma como una fuente de agua, que salta para vida eterna, y que hace surgir corrientes vivas que producen vida y alegría doquiera fluyen.

El Rechazo de la Luz

Dios dice a sus siervos: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la. casa de Jacob su pecado". Pero cuando el sencillo y directo testimonio viene de labios que se mueven por influjo del Espíritu de Dios, hay muchos que lo tratan con desdén. Estos son los que entre nosotros, en los hechos si no en las palabras, "dicen a los, videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras; dejad el camino, apartaos de la senda, haced cesar de nuestra presencia al Santo de Israel. Por tanto el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra, y confiasteis en violencia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado; por tanto os será este pecado como pared abierta que se va a caer, y como corcova en alto muro, cuya caída viene súbita y repentinamente. . . Porque así dijo el Señor Jehová, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis".

LA LIMPIEZA DE CORAZÓN QUE SE NECESITA

Pregunto a los que ocupan puestos de responsabilidad en Battle Creek: ¿Qué estáis haciendo? Le habéis dado la espalda, y no el rostro al Señor. Debe haber una limpieza del corazón, de los sentimientos, de las simpatías, de las palabras, con referencia a los asuntos más importantes: El Señor Dios, la eternidad, la verdad. ¿Cuál es el mensaje que ha de ser dado en este tiempo? Es el mensaje del tercer ángel. Pero la luz que ha de llenar al mundo con su gloria ha sido despreciada por algunos que pretenden creer la verdad presente. Sed cuidadosos de cómo la tratáis. Quitad vuestros zapatos de vuestros pies; porque estáis en tierra santa. Guardaos de transigir con los atributos de Satanás, y arrojar contención contra la manifestación del Espíritu Santo. Yo sé solamente que algunos ya ahora han ido demasiado lejos para regresar y para arrepentirse.

LA COMUNICACIÓN DE LA LUZ

Declaro la verdad. Las almas que aman a Dios, que creen en Cristo, y que ávidamente captan cada rayo de luz, verán la luz, y se regocijarán en la verdad. Comunicarán la luz. Crecerán en santidad. Los que reciban el Espíritu Santo sentirán la atmósfera congelante que rodea a las almas de otros que no aprecian estas grandes y solemnes realidades y que han hablado contra ellas. Sienten que están en el consejo de los impíos, de hombres que se hallan en camino de pecadores, y se sientan en silla de escarnecedores.

La Palabra de Dios habla verdad, no una mentira. En ella nada es forzado, nada es extremo, nada es extralimitado. Hemos de aceptarla como la Palabra del Dios vivo. En obediencia a la Palabra, la iglesia tiene deberes que realizar que sus miembros no han cumplido. No han de huir del puesto del deber; sino que en la prueba y en la tentación deben apoyarse más completamente en Dios. Hay dificultades que encarar, pero el pueblo de Dios debe levantarse unánimemente ante las emergencias. Hay deberes que realizar en la iglesia para nuestro Dios.

El Espíritu de Dios está apartándose de muchos de su pueblo. Muchos han entrado en senderos oscuros y secretos, y algunos nunca regresarán. Continuarán tropezando hasta su ruina. Han tentado a Dios, han rechazado la luz. Toda la evidencia que ha de serles dada alguna vez, ya la han recibido, y no le han prestado oído. Han elegido las tinieblas antes que la luz, y han contaminado sus almas. Ningún hombre o iglesia puede asociarse con la clase de personas que ama el placer, y revelar al mismo tiempo que aprecia la rica corriente que el Señor ha enviado para aquellos que tienen una fe sencilla en su Palabra. El mundo está contaminado, corrompido, como era en los días de Noé. El único remedio es creer en la verdad, aceptar la luz. Sin embargo, muchos han escuchado la verdad, hablada con demostración del Espíritu, y no solamente han rehusado aceptar el mensaje, sino que han odiado la luz. Estos hombres colaboran en la ruina de las almas. Se han interpuesto ellos mismos entre la luz enviada del cielo y el pueblo. Han pisoteado la Palabra de Dios, y están actuando a despecho de su Espíritu Santo.

Pido a los hijos de Dios que abran sus ojos. Cuando sancionáis o ponéis en ejecución las decisiones de hombres que, como sabéis, no están en armonía con la verdad y la justicia, debilitáis vuestra propia fe, y perdéis el gusto por la comunión con Dios. Parecéis oír la voz que se dirigió a Josué: "¿Por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado . . . Anatema hay en medio de ti, Israel". "Ni seré más con vosotros, si no destruyerais el anatema de en medio de vosotros". Cristo declara: "El que conmigo no recoge, derrama".

EL MENSAJE DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE

Señor en su gran misericordia envió un muy precioso mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje había de presentar en forma más prominente al mundo al Salvador levantado, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante [Cristo]; invitaba al pueblo a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz, y acompañado por el derramamiento de su Espíritu en gran medida.

El Salvador resucitado ha de aparecer en su obra eficaz como el Cordero inmolado, sentado en el trono, para dispensar las inapreciables bendiciones del pacto, los beneficios que él murió para comprar en favor de toda alma que creyere en él. Juan no podía expresar aquel amor en palabras; era demasiado profundo, demasiado ancho; hace un llamamiento a la familia humana para que lo contemple. Cristo está intercediendo por la iglesia en los atrios celestiales, abogando en favor de aquellos por quienes pagó el precio de la redención con su propia sangre. Los siglos y las edades nunca pueden aminorar la eficacia de este sacrificio expiatorio. El mensaje del Evangelio de su gracia había de ser dado a la iglesia con contornos claros y distintos, para que el mundo no siguiera afirmando que los adventistas del séptimo día hablan de la ley, pero no enseñan acerca de Cristo, o creen en él.

La eficacia de la sangre de Cristo había de ser presentada a los hombres con frescura y poder, a fin de que la fe de ellos pudiera echar mano de sus méritos. Así como el sumo pontífice asperjaba la sangre caliente sobre el propiciatorio, mientras la fragante nube de incienso ascendía delante de Dios, de la misma manera, mientras confesamos nuestros pecados, e invocamos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, nuestras oraciones han de ascender al cielo, fragantes con los méritos del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad, siempre hemos de tener en cuenta que hay Uno que puede quitar el pecado, y salvar al pecador. Todo pecado reconocido delante de Dios con un corazón contrito, él lo quitará. Esta fe es la vida de la iglesia. Como la serpiente fue levantada por Moisés en el desierto, y se pedía a todos los que habían sido mordidos por las serpientes ardientes que miraran y vivieran, también el Hijo del hombre debía ser levantado, para que "todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

A menos que haga de la contemplación del Salvador la gran ocupación de su vida, y por la fe acepte los méritos que tiene el privilegio de reclamar, el pecador no puede ser salvado más de lo que Pedro podía caminar sobre las aguas si no mantenía sus ojos fijos permanentemente en Jesús. En este tiempo ha sido el propósito determinado de Satanás el de eclipsar la visión de Jesús, e inducir a los hombres a mirar al hombre, a confiar en el hombre, y ser educados para esperar ayuda del hombre. Durante siglos la iglesia ha estado mirando al hombre, y esperando mucho del hombre, pero no mirando a Jesús, en el cual están centradas nuestras esperanzas de vida eterna. Por lo tanto, Dios dio a su siervo un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos, la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel. El pueblo de Dios ha de hacer resonar las Palabras de Juan, según las cuales todos pueden discernir la luz y andar en la luz: "El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. Y lo que vio y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él".

Este es el testimonio que debe circular por toda la longitud y la anchura del mundo. Presenta la ley y el Evangelio, vinculando ambas cosas en un conjunto perfecto. (Véase Romanos 5 y 1 Juan 3: 9 hasta el fin del capítulo.) Estos preciosos textos serán impresionados sobre todo corazón que esté abierto para recibirlos. "El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" -aquellos que tienen el corazón contrito. "Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre". Estos no tienen una mera fe nominal, una teoría de la verdad, una religión legal, sino que creen con un propósitos, apropiándose de los ricos dones de Dios. Suplican que se les conceda el don, a fin de que puedan dar a otros. Pueden decir: "De su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia".

"El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros: En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu".

EL MENSAJE DE DIOS PARA EL TIEMPO PRESENTE

Esta es precisamente la obra que el Señor se ha propuesto que realice el mensaje que él ha dado a sus siervos en la mente y en el corazón de todo agente humano. Es la vida perpetua de la iglesia el que sus miembros amen a Dios en forma suprema, y amen a los demás como se aman a sí mismos. Había sólo poco amor a Dios o al hombre, y Dios dio a sus mensajeros precisamente lo que el pueblo necesitaba. Los que recibieron el mensaje fueron grandemente bendecidos, porque vieron los brillantes rayos del sol de Justicia, y surgieron vida y esperanza en sus corazones. Contemplaban a Cristo. "No temas es la eterna seguridad que nos da -: Yo soy... el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos". "Porque yo vivo, y vosotros también viviréis". Los creyentes aplican la sangre del inmaculado Cordero de Dios a su propio corazón. Mirando al gran símbolo, podemos decir: "Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros". El Sol de Justicia brilla en nuestros corazones para dar el conocimiento de la gloria de Jesucristo. Acerca de la función del Espíritu Santo el Señor dice: "Él me glorificará: porque tomará de lo mío y os lo hará saber". El salmista ofrece esta oración: "Purifícame con hisopo, y seré limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve... Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; y no quites de mi tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti".

El Señor quiere que estos grandes temas sean estudiados en nuestras iglesias, y si cada miembro de la iglesia diera acceso a la Palabra de Dios a su vida, ésta produciría luz y comprensión en los simples. "¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cercados de centellas: andad a la luz de vuestro fuego, y a las centellas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados". (Véase Isa. 29: 13-l6, 18-21.) "Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová".

Nunca hubo un tiempo en que el Señor quiso manifestar su grandiosa gracia hacia sus escogidos más plenamente que en estos últimos días, cuando su ley es anulada. "Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla". ¿Qué cosa dice Dios con respecto a su pueblo? "Mas este es pueblo saqueado y hollado, todos ellos enlazados en cavernas y escondidos en cárceles: son puestos a saco, y no hay quien libre; hollados, y no hay quien diga, Restituid". (Véase también Isa. 43.) Estas son profecías que se cumplirán.

SE NOS AMONESTA A NO DESPRECIAR EL MENSAJE DE DIOS

Quiero presentar una amonestación para los que por años han resistido la luz y albergado un espíritu de oposición. ¿Por cuánto tiempo odiaréis y despreciaréis a los mensajeros de la justicia de Dios? Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del Señor. Hay salvación para vosotros, pero sólo por medio de los méritos de Jesucristo. La gracia del Espíritu Santo os ha sido ofrecida una y otra vez. La luz y el poder de lo alto han brillado abundantemente en vuestro medio. Aquí había evidencia, para que todos pudieran discernir a quién reconocía el Señor como su siervo. Pero existen personas que desprecian a los hombres y el mensaje que ellos presentan. Se han burlado de ellos tratándolos como fanáticos, extremistas y entusiastas. Permitidme que profetice acerca de vosotros: A menos que humilléis rápidamente vuestros corazones delante de Dios, y confeséis vuestros pecados, que son muchos, cuando sea demasiado tarde veréis que habéis estado luchando contra Dios. Por la convicción del Espíritu Santo, que no contenderá por más tiempo para producir reforma y perdón, veréis que estos hombres contra los cuales habéis hablado han sido como señales en el mundo, como testigos de Dios. Entonces querréis dar todo el mundo si pudierais redimir el pasado, y ser precisamente tales hombres celosos, movidos por el Espíritu de Dios para elevar vuestra voz en solemnes amonestaciones al mundo; y, como ellos, ser firmes como una roca en los principios. La forma en que dais vuelta completamente las cosas es conocida por el Señor. Continuad por un poco más de tiempo como habéis andado, rechazando la luz del cielo, y estaréis perdidos. "Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación".

No tengo un mensaje suave para presentar a aquellos que han sido por tanto tiempo falsos postes indicadores, señalando el camino erróneo. Si rechazáis a los mensajeros delegados por Cristo, rechazáis a Cristo. Descuidad esta gran salvación, que ha sido mantenida ante vosotros durante años, despreciad está gloriosa oferta de justificación por medio de la sangre de Cristo, y esta santificación por el poder purificador del Espíritu Santo, y no quedará más sacrificio por el pecado, sino ciertamente una horrenda esperanza de juicio y un hervor de fuego. Os ruego que os humilléis y ceséis en vuestra obstinada resistencia a la luz y la evidencia. Decid al Señor: Mis iniquidades han hecho separación entre mí y mi Dios. Oh Señor, perdona mis transgresiones. Borra mis pecados de tu libro de memoria. Gracias a su santo nombre, hay perdón en él, y podéis ser convertidos y transformados.

"Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada a los inmundos, santifica para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?"

"El que Piensa Estar Firme, Mire no Caiga"

LA IDOLATRÍA DE LOS HIJOS DE ISRAEL

"Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar, y todos comieron la misma vianda espiritual: y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo: mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto". La experiencia de Israel, referida en las palabras precedentes por el apóstol, y registrada en los Salmos 105 y 106, contiene lecciones de amonestación que el pueblo de Dios en estos últimos días necesita estudiar especialmente. Insto a que estos capítulos sean leídos por lo menos una vez por semana.

"Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos; según está escrito: Sentóse el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar".

A oídos de todo Israel, Dios había hablado con terrible majestad sobre el monte Sinaí, declarando los preceptos de su ley. El pueblo, abrumado por el sentido de su culpa, y temiendo ser consumido por la gloria de la presencia de Dios, había rogado a Moisés: "Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos". Dios llamó a Moisés a que subiera al monte para comunicarle las leyes destinadas a Israel, pero ¡cuán rápidamente se disipó la solemne impresión hecha sobre ese pueblo por la manifestación de la presencia de Dios. Aun los dirigentes de la multitud parecían haber perdido la razón. El recuerdo de su pacto con Dios, su terror cuando, cayendo sobre sus rostros, habían temido y temblado sobremanera, todo se había disipado como el humo. Aun cuando la gloria de Dios continuaba siendo un fuego devorador sobre la cumbre del monte, sin embargo, cuando Moisés desapareció de la vista, los viejos hábitos de pensamiento y sentimiento comenzaron a ejercer su poder. El pueblo se cansó de esperar el regreso de Moisés, y comenzó a clamar por alguna representación visible de Dios.

Aarón, que había sido dejado a cargo del campamento, se adhirió a sus clamores. En vez de ejercer fe en Dios, confiando en que el poder divino lo sostuviera, fue tentado a creer que si resistía a las demandas del pueblo, le quitarían la vida; e hizo como querían. Reunió el oro de los ornamentos, hizo el becerro fundido, y lo modeló con una herramienta para grabar. Los dirigentes del pueblo declararon: "Israel, éstos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto". Cuando Aarón vio que la imagen que había sido modelada agradó al pueblo, estaba orgulloso de su obra de artífice. Edificó un altar ante el ídolo, "y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta a Jehová. Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y sentóse el pueblo a comer y a beber, y levantáronse a regocijarse". Bebieron e hicieron fiesta, y se entregaron a la alegría y a las danzas, que terminaron en las orgías vergonzosas que caracterizaban el culto pagano de los falsos dioses.

Dios en el cielo contempló todo aquello, y advirtió a Moisés de lo que estaba ocurriendo en el campamento, diciendo: "Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma: y a ti yo te pondré sobre gran gente. Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo. Acuérdate de Abrahán, de Isaac, de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré a vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo".

Cuando Moisés descendió del monte con las dos tablas del testimonio en sus manos, escuchó los clamores del pueblo, y, al acercarse, contempló el ídolo y la multitud rebelde. Abrumado de horror e indignación porque Dios había sido deshonrado, y aquel pueblo había quebrantado su solemne pacto con él, arrojó las dos tablas de piedra sobre la tierra, y las rompió al pie del monte. Aunque su amor por Israel era tan grande que estaba dispuesto a deponer su propia vida por ellos, sin embargo su celo por la gloria de Dios lo enojó, y ese enojo halló expresión en ese acto de tan terrible significado. Dios no lo reconvino. El haber roto las tablas de piedra era sólo una representación del hecho de que Israel había quebrantado el pacto que tan recientemente había hecho con Dios. El siguiente texto se refiere a la justa indignación contra el pecado, que surge del celo por la gloria de Dios, y no al enojo promovido por la ambición del amor propio herido: "Airaos, y no pequéis". Tal fue el enojo de Moisés.

"Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y diólo a beber a los hijos de Israel. Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que es inclinado a mal. Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, que a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido". Y vio Moisés "que el pueblo estaba despojado, porque Aarón lo había despojado para vergüenza entre sus enemigos".

INFLUENCIA ESPECIAL DE LA OBRA DE SATANÁS

Se nos da la advertencia: "Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado". Notad la influencia de sus extremismos y fanatismo en el servicio del gran obrero maestro que es Satanás. Tan pronto como el malvado tenía al pueblo bajo su dominio, hubo exhibiciones de carácter satánico. El pueblo comió y bebió sin un pensamiento de Dios y de su misericordia, sin un pensamiento relativo a la necesidad de resistir al diablo, que los estaba guiando a los actos más vergonzosos. El mismo espíritu se manifestó cuando se realizó el sacrílego banquete de Belsasar. Había júbilo y danzas, hilaridad y cantos, y se llegó a una infatuación que seducía los sentidos; luego la complacencia de afectos desordenados y licenciosos -todo esto se mezcló en la lamentable escena. Dios había sido deshonrado; su pueblo se había convertido en una vergüenza a la vista de los paganos. Los juicios estaban por caer sobre esa multitud infatuada y entontecida. Sin embargo, Dios en su misericordia les dio una oportunidad para perdonarles sus pecados.

"Púsose Moisés a la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová?" Los pregoneros captaron las siguientes palabras y las hicieron resonar por medio de trompetas: "¿Quién es de Jehová? júntese conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví". Todos los que estaban arrepentidos tenían el privilegio de hacer su decisión junto con Moisés. "Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta a puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres". No hubo ninguna parcialidad, ninguna hipocresía ninguna confederación para amparar a los culpables. Pues el terror del Señor estaba sobre el pueblo.

Los que habían mostrado tan poco sentido de la presencia y la grandiosidad de Dios, y que, después de la exhibición de su majestad, estaban listos para apartarse del Señor, iban a ser una trampa constante para Israel. Fueron muertos como una reprensión para el pecado, y para poner en el pueblo temor de deshonrar a Dios.

EL PELIGRO DE AGRADARSE A SI MISMO

No puedo seguir considerando ahora esta historia, pero os ruego a vosotros, que estáis en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa; pido a todo individuo, que estudie la lección de este texto, teniendo en cuenta las palabras de la inspiración: "El que piensa estar firme, mire no caiga". Aquí se presenta la única elección que hallamos en la Palabra de Dios. Sólo aquellos que prestan oídos para no caer serán aceptados finalmente. No puede haber presunción más fatal que la que induce a los hombres a aventurarse en la conducta del que se agrada a sí mismo. En vista de esta solemne advertencia de Dios, ¿no debieran prestar oído los padres y las madres? ¿No debieran señalar fielmente a los jóvenes los peligros que se levantan constantemente para apartarlos de Dios? Muchos permiten que los jóvenes asistan a partidas de placer, pensando que las diversiones son esenciales para la salud y la felicidad; pero ¡qué peligros hay en esa senda! Cuanto más se complace el deseo de placer, tanto más se cultiva y tanto más se fortalece. La experiencia de la vida se compone mayormente de la complacencia propia en la diversión. Dios nos pide que nos cuidemos de esto. "El que piensa estar firme, mire no caiga".

Debemos llegar a una posición tal en que toda diferencia sea eliminada. Si yo creo que tengo luz, cumpliré mi deber en presentarla. Suponed que yo haya consultado a otros con respecto al mensaje que el Señor quiere darme para el pueblo; la puerta puede cerrarse de manera que la luz no llegue a las personas a quienes Dios la ha enviado. Cuando Jesús cabalgó hacia Jerusalén, "toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo! Entonces algunos fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán" (Review and Herald, 18 de febrero de 1890).

Hermanos míos, en su gran misericordia y amor, Dios os ha dado gran luz, y Cristo os dice: "De gracia recibisteis, dad de gracia". Ojalá que la luz concedida a vosotros brille iluminando á los que se encuentran en tinieblas. Regocijémonos y alegrémonos de que Cristo no solamente nos ha dado su palabra, sino que nos ha dado también el espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Dios, y de que en su fuerza podemos ser más que vencedores. Cristo dice: "Venid a mí. A mí me pertenece el consejo y el juicio sano. Tengo comprensión y fuerza para vosotros". Por la fe debemos descansar en Jesús, recordando las palabras de uno que fue inspirado por Dios para escribir: "Tu benignidad me ha acrecentado". Pedid a Dios que os dé mucho del aceite de su gracia. Considerad cuidadosamente cada palabra, ora sea escrita o hablada (Review and Herald, 22 de diciembre de, 1904).