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Testimonios para los Ministros

Capítulo 3

Las Santas Escrituras

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¿Cómo Escudriñaremos las Escrituras?

¿Cómo escudriñaremos las Escrituras para entender lo que enseñan? Debemos abordar la investigación de la Palabra de Dios con un corazón contrito, con oración y con una disposición a ser enseñados. No hemos de pensar, como pensaron los judíos, que nuestras propias ideas y opiniones son infalibles; ni como los papistas, que piensan que ciertos individuos son los único guardianes de la verdad y el conocimiento, y que los hombres no tienen derecho a investigar las Escrituras por sí mismos, sino que deben aceptar las explicaciones dadas por los padres de la iglesia. No debemos estudiar la Biblia con el propósito de sostener nuestras opiniones preconcebidas, sino con el único objeto de aprender lo que Dios ha dicho.

Algunos han temido que si en un solo punto siquiera reconocían su error, otras mentes se verían inducidas a dudar de toda la teoría de la verdad. Por lo tanto, han creído que no debiera permitirse la investigación, que ésta tendería a la disensión y la desunión. Pero si tal ha de ser el resultado de la investigación, cuanto antes venga tanto mejor. Si hay personas cuya fe en la Palabra de Dios no resiste la prueba de una investigación de las Escrituras, cuanto antes se manifiesten, tanto mejor; pues entonces se abrirá el camino para mostrarles su error. No podemos sostener que ninguna posición, una vez adoptada, ninguna idea, una vez defendida, no habrá de ser abandonada en circunstancia alguna. Hay solamente Uno que es infalible: Aquel que es el camino, la verdad y la vida.

Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad, no pueden ser receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo, cuando se presenta un punto de vista de las Escrituras, muchos no preguntan: ¿Es cierto? ¿Está en armonía con la Palabra de Dios? Sino ¿quién lo defiende? y a menos que venga precisamente por el medio que a ellos les agrada, no lo aceptan. Tan plenamente satisfechos se sienten con sus propias ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con un deseo de aprender, sino que rehusan interesarse, meramente a causa de sus prejuicios.

El Señor a menudo obra cuando nosotros menos lo esperamos; él nos sorprende al revelar su poder mediante instrumentos de su propia elección, mientras pasa por alto a los hombres por cuyo intermedio hemos esperado que viniera la luz. Dios quiere que recibamos la verdad por sus propios méritos, porque es verdad.

La Biblia no debe ser interpretada para acomodarse a las ideas de los hombres, por mucho tiempo que hayan sido tenidas estas ideas como verdad. No hemos de aceptar la opinión de comentadores como la voz de Dios; ellos eran seres mortales como nosotros. Dios nos ha dado facultades razonadoras a nosotros así como a ellos. Hemos de hacer que la Biblia sea su propio expositor.

CUIDADO EN LA PRESENTACIÓN DE IDEAS NUEVAS

Todos deben ser cuidadosos en la presentación de nuevos puntos de vista sobre pasajes de la Biblia, antes de haber dado a estos puntos un cabal estudio, y estén plenamente preparados para sostenerlos con la Biblia. No introduzcáis nada que cause disensión, sino una clara evidencia de que en ello Dios está dando un mensaje especial para este tiempo.

Mas guardaos de rechazar aquello que es verdad. El gran peligro para nuestros hermanos ha sido el de depender de los hombres, y hacer de la carne su brazo. Los que no han tenido el hábito de escudriñar la Biblia por sí mismos, o pesar la evidencia, tienen confianza en los hombres dirigentes, y aceptan las decisiones que ellos hacen; y así muchos rechazan los mismos mensajes que Dios envía a su pueblo, si estos hermanos dirigentes no los aceptan.

Nadie debe pretender que tiene toda la luz que existe para el pueblo de Dios. El Señor no tolerará esta condición. El ha dicho: "He aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar". Aun cuando nuestros hombres dirigentes rechacen la luz y la verdad, esa puerta permanecerá aún abierta. El Señor suscitará a hombres que den al pueblo el mensaje para este tiempo.

LA VERDAD PERMANECERÁ

La verdad es eterna, y el conflicto con el error sólo manifestará la fortaleza de esa verdad. Nunca hemos de rehusarnos a examinar las Escrituras con aquellos que tengamos razones para creer que desean saber qué es verdad. Suponed que un hermano sostiene un punto de vista que difiere del vuestro, y que viene a vosotros, proponiéndoos que os sentéis con él para hacer una investigación de ese punto en las Escrituras. ¿Debéis levantaros, llenos de prejuicio, y condenar sus ideas, mientras os rehusáis a escucharlo sin prejuicio? El único procedimiento correcto sería el sentaros como cristianos para investigar la posición presentada a la luz de la Palabra de Dios, la cual revelará la verdad y desenmascarara el error. El ridiculizar sus ideas no debilitará su posición en lo más mínimo si fuera falsa, ni fortalecerá vuestra posición si fuera la verdad. Si los pilares de nuestra fe no soportan la prueba de la investigación, es tiempo de que lo sepamos. Ningún espíritu de fariseísmo debe ser acariciado entre nosotros.

LAS ESCRITURAS HAN DE SER ESTUDIADAS CON REVERENCIA

Hemos de abordar el estudio de la Biblia con reverencia, sintiendo que estamos en la presencia de Dios. Toda liviandad y frivolidad debe ser dejada a un lado. Aunque algunas porciones de la Palabra se entienden con facilidad, el verdadero sentido de otras partes no se discierne con rapidez. Debe haber paciente estudio y meditación y ferviente oración. Todo estudioso, al abrir las Escrituras, debe solicitar la iluminación del Espíritu Santo; y la promesa segura es que será dado.

El espíritu con el cual os aboquéis a la investigación de las Escrituras determinará el carácter de los que os asistan. Ángeles del mundo de la luz estarán con los que con humildad de corazón buscan dirección divina. Pero si la Biblia se abre con irreverencia, con un sentimiento de suficiencia propia, si el corazón está lleno de prejuicio, Satanás está a vuestro lado, y él colocará las declaraciones sencillas de la Palabra de Dios en una luz pervertida.

Hay algunos que se complacen en la ligereza, en el sarcasmo, y aun en la burla de los que difieren de ellos. Otros presentan una colección de objeciones a cualquier nuevo punto de vista; pero cuando estas objeciones son claramente contestadas por las palabras de las Escrituras, no reconocen la evidencia presentada ni se permiten quedar convencidos. Sus preguntas no tenían el propósito de llegar a la verdad, sino la mera intención de confundir la mente de los demás.

Algunos han pensado que es una evidencia de agudeza y superioridad intelectual el sumir en la perplejidad las mentes con respecto a qué es verdad. Recurren a las sutilezas de argumentos, al juego de palabras; toman injusta ventaja haciendo preguntas. Cuando sus preguntas han sido claramente contestadas, cambian de tema y saltan a otro punto para evitar la necesidad de reconocer la verdad. Debemos cuidarnos de complacer el espíritu que dominó a los judíos. No querían aprender de Cristo, porque su explicación de las Escrituras no estaba de acuerdo con sus ideas; por lo tanto llegaron a ser espías en su camino, "acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle". No traigamos sobre nosotros la terrible denuncia de las palabras del Salvador: " ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban impedisteis".

CON SIMPLICIDAD Y CON FE

No requiere mucho conocimiento o capacidad el hacer preguntas difíciles de responder. Un niño puede hacer preguntas que pueden dejar perplejos a los hombres más sabios. No nos empeñemos en una competencia de esta clase. Existe en nuestro tiempo la misma incredulidad que prevaleció en los días de Cristo. Ahora, así como entonces, el deseo de preferencia y de alabanza de parte de los hombres descamina al pueblo de la sencillez y de la verdadera piedad. No hay orgullo tan peligroso como el orgullo espiritual.

Los jóvenes deben investigar las Escrituras por sí mismos. No deben pensar que es suficiente que los de más experiencia busquen la verdad; que los más jóvenes pueden aceptarla cuando proviene de ellos, considerándolos una autoridad. Los judíos perecieron como nación porque fueron apartados de la verdad de la Biblia por sus gobernantes, príncipes y ancianos. Si hubieran escuchado las lecciones de Jesús, e investigado las Escrituras por sí mismos, no habrían perecido.

Los jóvenes de nuestras filas están vigilando para ver con qué espíritu los ministros abordan la investigación de las Escrituras; si tienen un espíritu accesible, y son lo suficientemente humildes para aceptar la evidencia, y recibir la luz de los mensajeros a quienes Dios escoge para mandar.

Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos. No debe confiarse en ningún hombre para que piense por nosotros. No importa de quién se trate, o en qué puesto pueda ser colocado, no hemos de mirar a ningún hombre como criterio para nosotros. Hemos de aconsejarnos mutuamente, y de estar sujetos el uno al otro; pero al mismo tiempo hemos de ejercer la capacidad que Dios nos ha dado, para aprender qué es verdad. Cada uno de nosotros debe mirar a Dios para recibir iluminación divina. Debemos desarrollar individualmente un carácter que soporte la prueba en el día de Dios. No debemos ser obstinados en nuestras ideas, y pensar que nadie debe interferir nuestras opiniones.

Cuando un punto de doctrina que no entendáis llegue a vuestra consideración, id a Dios sobre vuestras rodillas, para que podáis entender qué es verdad y no ser hallados como lo fueron los judíos luchando contra Dios. Mientras amonestamos a los hombres a precaverse de aceptar cualquier cosa a menos que sea la verdad, debemos también amonestarles a no poner en peligro sus almas rechazando los mensajes de luz, sino a salir de las tinieblas por un estudio fervoroso de la Palabra de Dios. Cuando Natanael fue a Jesús, el Salvador exclamó: "He aquí un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". Natanael dijo: "¿De dónde me conoces?" Jesús respondió: "Cuando estabas debajo de la higuera te vi". Y Jesús nos verá también en los lugares secretos de la oración, si buscamos luz para saber qué es verdad.

Si un hermano está enseñando el error, los que están en puestos de responsabilidad deben saberlo; y si está enseñando verdad, han de decidirse a sostenerlo. Todos nosotros debemos saber lo que se enseña en nuestro medio; pues si es la verdad, debemos conocerla. El maestro de la escuela sabática necesita saberlo, y todo alumno de la escuela sabática debe comprenderlo. Todos estamos bajo la obligación hacia Dios de comprender lo que él nos envía. El ha dado instrucciones por las cuales podemos probar toda doctrina: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido". Pero si está de acuerdo con esta prueba, no estéis tan llenos de prejuicio que no podáis reconocer un punto, sencillamente porque no concuerda con vuestras ideas.

Es imposible que una mente, cualquiera que sea, comprenda toda la riqueza y grandeza de una sola promesa de Dios. Una capta la gloria desde un punto de vista; otra la hermosura y la gracia desde otro punto de vista, y el alma se llena de la luz del cielo. Si viéramos toda la gloria, el espíritu desmayaría. Pero podemos tener revelaciones de las abundantes promesas de Dios mucho mayores que las que ahora gozamos. Me entristece el corazón pensar cómo perdemos de vista la plenitud de la bendición destinada a nosotros. Nos contentamos con fulgores momentáneos de iluminación espiritual, cuando podríamos andar día tras día a la luz de su presencia.

Queridos hermanos, orad como nunca lo habéis hecho para que los rayos del Sol de Justicia brillen de la Palabra, para que podáis comprender su verdadero significado. Jesús rogó que sus discípulos fueran santificados por la verdad: la Palabra de Dios. ¡Cuán fervientemente, pues, debiéramos orar para que Aquel que "todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios". Aquel cuya misión es recordarle al pueblo de Dios todas las cosas, y guiarlo a toda verdad, esté con nosotros en la investigación de su santa Palabra.

Dios nos pide que dependamos de él, y no del hombre. Desea que tengamos un nuevo corazón; quiere darnos revelaciones de la luz del trono de Dios (Review and Herald, 18 de febrero de 1890).

El Estudio de los Libros de Daniel y Apocalipsis

El Espíritu de Dios ha iluminado toda Página de la Sagrada Escritura, pero hay personas sobre las cuales ésta hace poca impresión, porque es imperfectamente comprendida. Cuando venga el zarandeo, por la introducción de falsas teorías, estos lectores superficiales, que no están anclados en ningún lugar, serán como la arena movediza. Se deslizan hacia cualquier Posición para acomodar el contenido de sus sentimientos de amargura... Los libros de Daniel y Apocalipsis deben ser estudiados, así como las otras profecías del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Haya luz, sí, luz en vuestras moradas. Necesitamos orar por esto. El Espíritu Santo, brillando de las páginas sagradas, abrirá nuestro entendimiento, para que podamos conocer qué es verdad...

Es necesario que haya un estudio mucho más de cerca de la Palabra de Dios; especialmente Daniel y el Apocalipsis deben recibir atención como nunca antes en la historia de nuestra obra. Podemos tener menos que decir en algunos respectos, con relación al poder romano y al papado; pero debemos llamar la atención a lo que los profetas y los apóstoles han escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo ha modelado las cosas de tal suerte, en la forma de dar las profecías y también en los acontecimientos descriptos, como para enseñar que el agente humano ha de ser mantenido fuera de la vista, oculto en Cristo, y que el Señor Dios del cielo y su ley han de ser exaltados. Leed el libro de Daniel. Evocad, punto por punto la historia de los reinos allí representados. Contemplad a los hombres de estado, los consejos, los ejércitos poderosos, y ved cómo Dios obró para abatir el orgullo de los hombres, y arrojó la gloria humana en el polvo...

La luz que Daniel recibió de Dios fue dada especialmente para estos postreros días. Las visiones que él tuvo junto a las riberas del Ulai y del Hiddekel, los grandes ríos de Sinar, están hoy en proceso de cumplimiento, y todos los acontecimientos predichos pronto ocurrirán.

Considerad las circunstancias de la nación judía cuando las profecías de Daniel fueron dadas.

Dediquemos más tiempo al estudio de la Biblia. No entendemos la Palabra como debemos. El libro del Apocalipsis se inicia con una orden a entender la instrucción que contiene. "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía -declara Dios-, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca". Cuando como pueblo comprendamos lo qué significa este libro para nosotros, se verá entre nosotros un gran reavivamiento. No entendemos plenamente las lecciones que enseña, a pesar del mandato que nos fue dado de escudriñarlo y estudiarlo.

En lo pasado algunos maestros declararon que Daniel y Apocalipsis son libros sellados, y el pueblo se ha apartado de ellos. La propia mano de Dios ha descorrido, de estas porciones de su Palabra, el velo cuyo aparente misterio ha impedido que muchos lo levantaran. El mismo nombre Apocalipsis [cuyo significado es revelación] contradice la declaración de que es un libro sellado. "Revelación" significa que algo de importancia es revelado. Las verdades de este libro se dirigen a los que viven en estos últimos días. Nos encontramos en el lugar santo de las cosas sagradas, con el velo quitado. No hemos de estar afuera. Hemos de entrar, no en forma descuidada, con pensamientos irreverentes, no con pasos impetuosos, sino con reverencia y piadoso temor. Nos acercamos al tiempo en que las profecías del libro del Apocalipsis han de cumplirse...

Tenemos los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo, que es el espíritu de profecía. Gemas inapreciables han de hallarse en la Palabra de Dios. Los que investigan esa Palabra deben mantener su mente clara. Nunca deben complacer el apetito pervertido al comer o beber.

Si lo hacen, el cerebro estará confundido; serán incapaces de soportar el esfuerzo que exige cavar profundamente para encontrar el significado de aquellas cosas que se relacionan con las escenas finales de la historia de la tierra.

Cuando los libros de Daniel y Apocalipsis sean mejor entendidos, los creyentes tendrán una experiencia religiosa completamente distinta. Recibirán tales vislumbres de los portales abiertos del cielo, que la mente y el corazón serán impresionados con el carácter que todos deben desarrollar, a fin de comprender la bendición que será la recompensa de los de corazón puro.

El Señor bendecirá a todos los que humildemente y con mansedumbre traten de comprender lo que se revela en el Apocalipsis. Este libro contiene tanto que es grande por su inmortalidad y pleno de gloria, que todos los que lo lean y escudriñen con fervor recibirán la bendición prometida a aquellos que "oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas".

RESULTADOS DEL ESTUDIO VERDADERO

Una cosa se comprenderá con certeza por el estudio del Apocalipsis: que la relación entre Dios y su pueblo es estrecha y decidida. Se ve una maravillosa conexión entre el universo del cielo y este mundo. Lo que le fue revelado a Daniel fue complementado más tarde por la revelación que se le hizo a Juan en la isla de Patmos. Estos dos libros deben ser cuidadosamente estudiados. Dos veces Daniel preguntó: ¿Cuándo será el fin del tiempo?

"Y yo oí, pero no comprendí. Dije pues: Señor mío, ¿cuál será el resultado de estas cosas? Mas él respondió: Anda, Daniel; que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán purificados y emblanquecidos y acrisolados; pero los malos seguirán haciendo maldades; y no entenderá ninguno de los malhechores; mas los sabios entenderán. Y desde el tiempo en que fuere quitado el holocausto continuo, es a saber, para poner allí la abominación desoladora, habrá mil doscientos y noventa días. ¡Bienaventurado aquel que espere, y alcance a mil trescientos treinta y cinco días! Tú empero anda por tu camino hasta que llegue el fin entretanto descansarás, y te levantarás al goce de tu herencia al fin de los días".

Daniel cumplió su misión de dar su testimonio, el cual fue sellado hasta el tiempo del fin, cuando el mensaje del primer ángel debía ser proclamado a nuestro mundo. Estos asuntos son de infinita importancia en estos últimos días; pero aunque "muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados", "los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá". ¡Cuán cierto es esto! El pecado es la transgresión de la ley de Dios; y los que no acepten la luz con respecto a la ley de Dios no comprenderán la proclamación de los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Al libro de Daniel se le quita el sello en la revelación que se le hace a Juan, lo cual nos permite avanzar hasta las últimas escenas de la historia de este mundo. ¿Tendrán en cuenta nuestros hermanos que estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días? Leed el Apocalipsis en relación con Daniel. Enseñad estas cosas.

FUERZAS INVENCIBLES ESPERAN

Los que comen la carne y beben la sangre del Hijo de Dios, recibirán de los libros de Daniel y el Apocalipsis la verdad que es inspirada por el Espíritu Santo. Pondrán en marcha fuerzas que no puedan ser reprimidas. Los labios de los niños se abrirán para proclamar los misterios que han estado ocultos de la mente de los hombres.

Nos hallamos en el umbral de grandes y solemnes acontecimientos. Muchas de las profecías están por cumplirse en rápida sucesión. Todo elemento de poder está por ser puesto en acción. La historia pasada se repetirá; conflictos viejos resurgirán a una nueva vida, y el peligro asediará a los hijos de Dios por doquiera. La ansiedad está tomando posesión de la familia humana. Está saturando todas las cosas que hay sobre la tierra. . .

Estudiad el Apocalipsis en relación con Daniel, porque la historia será repetida. . . Nosotros, con todas nuestras ventajas religiosas, debemos saber hoy mucho más de lo que sabemos.

Los ángeles desean mirar en las verdades que le son reveladas al pueblo que, con corazón contrito, investiga la Palabra de Dios y ora para obtener mayores longitudes y anchuras y profundidades y alturas del conocimiento que sólo el Señor puede dar.

Al acercarnos al fin de la historia de este mundo, las profecías que se relacionan con los últimos días exigen especialmente nuestro estudio. El último libro del Nuevo Testamento se halla lleno de una verdad que necesitamos entender. Satanás ha cegado las mentes de muchos de manera que se alegrarán de cualquier excusa para no hacer del libro del Apocalipsis su tema de estudio. Pero Cristo, por medio de su siervo Juan, ha declarado aquí lo que será en los últimos días; y él dice: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas".

Los libros de Daniel y Apocalipsis deben ser unidos y publicados. Unas pocas explicaciones de ciertas partes pueden añadirse, pero no estoy segura de que éstas sean necesarias.

Esta es la sugestión que le hice al pastor Haskell y que dio como resultado el libro que él publicó. No se ha llenado la necesidad con este libro. Mi idea era que los dos libros fueran unidos, el Apocalipsis después de Daniel, como un libro que da más luz sobre los temas tratados en Daniel. El objeto es colocar estos libros juntos, mostrando que ambos se refieren a los mismos temas.

Ha de proclamarse un mensaje que despierte a las iglesias. Ha de hacerse todo esfuerzo para dar la luz, no sólo a nuestro pueblo, sino al mundo. Se me ha instruido en el sentido de que las profecías de Daniel y el Apocalipsis deben imprimirse en libros pequeños, con las explicaciones necesarias, y deben enviarse al mundo entero. Nuestros hermanos necesitan tener la luz puesta ante ellos con contornos más claros.

La visión que Cristo le presentó a Juan, y en la cual aparecen los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, ha de ser definidamente proclamada a toda nación, pueblo y lengua. Las iglesias, representadas por Babilonia, aparecen como caídas de su estado espiritual, para convertirse en un poder perseguidor contra los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. A Juan, este poder perseguidor le fue presentado con cuernos como de un cordero, pero hablando como un dragón. . .

A medida que nos acercamos al fin del tiempo; habrá una demostración constantemente mayor de poder pagano; deidades paganas manifestarán su notable poder, y se exhibirán a sí mismas ante las ciudades del mundo; y esta delineación ha comenzado a cumplirse. Mediante una diversidad de imágenes el Señor Jesús le presentó a Juan el carácter malvado y la influencia seductora de los que se han destacado en su persecución del pueblo de Dios. Todos necesitan sabiduría para investigar cuidadosamente el misterio de iniquidad que figura en forma tan destacada en las postrimerías de la historia de esta tierra. . . En el tiempo mismo en que vivimos, el Señor ha llamado a su pueblo y le ha dado un mensaje para presentar. Lo ha llamado a exponer la maldad del hombre de pecado, que ha hecho de la ley del domingo un poder distintivo, que ha pensado en cambiar los tiempos y las leyes, y ha oprimido al pueblo de Dios que se mantiene firme para honrarlo y guardar el único verdadero día de reposo, el sábado de la creación, como santo para el Señor.

Los peligros de los últimos días están sobre nosotros, y en nuestro trabajo hemos de amonestar a la gente acerca del peligro en que está. No se dejen sin tratar las solemnes escenas que la profecía ha revelado. Si nuestros hermanos estuvieran medio despiertos, si se dieran cuenta de la cercanía de los sucesos descriptos en el Apocalipsis, se realizaría una reforma en nuestras iglesias, y muchos más creerían el mensaje. No tenemos tiempo que perder; Dios nos pide que velemos por las almas como quienes han de dar cuenta. Presentad nuevos principios, y acumulad la clara verdad. Ella será como espada de doble filo. Pero no os manifestéis demasiado dispuestos a asumir una actitud polémica. Hay ocasiones en que hemos de quedar quietos para ver la salvación de Dios. Permitid que hable Daniel, haced que se exprese el Apocalipsis, y digan qué es verdad. Pero cualquiera sea el aspecto del tema que se presente, levantad a Jesús como el centro de toda esperanza, "la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la mañana".

Cavad Más Profundamente

No cavamos en forma suficientemente profunda para escudriñar la verdad. Toda alma que cree la verdad presente ha de ser llevada al punto en que se le exija que dé razón de la esperanza que hay en ella. Los hijos de Dios han de ser llamados a la presencia de reyes, príncipes, gobernantes y grandes hombres de la tierra, y éstos deben saber que ellos saben qué es verdad. Deben ser hombres y mujeres convertidos. Dios puede enseñaros en un momento, por su Espíritu Santo, más de lo que podríais aprender de los grandes hombres de la tierra. El universo está observando el conflicto que se desarrolla sobre la tierra. A un costo infinito, Dios le ha proporcionado a todo hombre una oportunidad para que conozca lo que ha de hacerlo sabio para la salvación. ¡Cuán ávidamente miran los ángeles para ver quiénes aprovecharán esta oportunidad! Cuando un mensaje es presentado a los hijos de Dios, éstos no deben levantarse en oposición a él; deben ir a la Biblia, comparándolo con la ley y el testimonio, y si no soporta esta prueba, no es verdad. Dios quiere que nuestras mentes se expandan. Desea colocar su gracia sobre nosotros. Podemos tener un banquete de cosas buenas todos los días, pues Dios puede abrir todo el tesoro del cielo para nosotros (Review and Herald, 18 de febrero de 1890).