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Testimonios para los Ministros

Capítulo 4

La Alta Norma de Dios

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La Verdadera Educación en Nuestras Iglesias

CAPACITANDO LAS ALMAS PARA EL SERVICIO

"La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma". "Bienaventurados los perfectos de camino; los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan: Pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a observar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos".

Aceptemos esto como nuestra lección. Estudiad toda palabra con atención. Los principios rectos y los sentimientos puros, cultivados y practicados, forman un carácter a la semejanza divina. Una conciencia libre de ofensa hacia Dios y el hombre, un corazón que siente la más tierna simpatía por los seres humanos, especialmente los que pueden ser ganados para Cristo, tendrá los atributos que tuvo Jesús. Todos los tales serán imbuidos de su Espíritu. Tendrán un depósito de persuasión, una reserva de sencilla elocuencia.

Como cristianos, hemos de trabajar ahora más fervientemente para traer a las almas a Cristo Jesús. No debe haber capítulos baratos de experiencia entretejidos en nuestra vida cristiana. Cualquier experiencia verdadera cuesta a toda alma que la obtiene un esfuerzo, a causa de las tentaciones de Satanás. Dios ve cómo el alma está hambrienta del conocimiento de Dios, de la salvación por medio de Cristo; y la promesa es: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos".

CARACTERÍSTICAS DEL VERDADERO ESCUDRIÑADOR

Dios ha ordenado que todos los hombres obedezcan su ley. El no ve como el hombre ve. Su norma es elevada, pura y santa; sin embargo todos pueden alcanzar esa norma. El Señor ve la necesidad del alma, el hambre del alma consciente. El considera la disposición de la mente, de la cual proceden nuestras acciones. Ve si por encima de toda otra cosa se evidencia respeto y fe hacia Dios. El verdadero buscador, que lucha para ser semejante a Jesús en palabra, vida y carácter, contemplará a su Redentor y, al observarlo, será transformado a su imagen, porque anhela tener la misma disposición y la misma mente que estuvo en Cristo Jesús, y ora por ellas. No es el temor a la vergüenza o el temor a la pérdida lo que lo inhibe de hacer el mal, porque sabe que todo lo que disfruta viene de Dios, y él quisiera aprovechar sus bendiciones para poder representar a Cristo. No está hambriento de estar en el lugar más alto, de obtener alabanza de los seres humanos. Este no es su ávido interés. Al aprovechar sabiamente lo que ahora tiene, trata de obtener cada vez más capacidad, para poder dar a Dios un mayor servicio. Tiene anhelos de Dios. La historia de su Redentor, el inconmensurable sacrificio que él realizó, llega a estar pleno de significado para él. Cristo, la majestad del cielo, se hizo pobre, para que nosotros, por su pobreza, llegáramos a ser ricos; no ricos solamente en dotes, sino ricos en adquisiciones.

Estas son las riquezas que Cristo fervientemente anhela que sus seguidores posean. Cuando el verdadero buscador de la verdad lee la Palabra y abre su mente para recibir la Palabra, anhela la verdad con todo su corazón. El amor, la piedad, la ternura, la cortesía, la amabilidad cristiana, que serán los elementos característicos de las mansiones celestiales que Cristo ha ido a preparar para los que le aman, toman posesión de su alma. Su propósito es firme. Está determinado a colocarse del lado de la justicia. La verdad se ha abierto camino a su corazón, y está implantada allí por el Espíritu Santo, quien es la verdad. Cuando la verdad toma posesión del corazón, el hombre da una evidencia segura de su existencia convirtiéndose en un mayordomo de la gracia de Cristo.

El corazón del verdadero cristiano está imbuido de verdadero amor, de una muy ferviente avidez por conquistar almas. No descansa hasta hacer todo lo que está a su alcance para buscar y salvar lo que se ha perdido. El tiempo y la fuerza se invierten; no se escatima esfuerzo penoso. Debe darse a otros la verdad que ha traído a su propia alma tanta alegría y paz y gozo en el Espíritu Santo.

Cuando el alma verdaderamente convertida disfruta del amor de Dios, siente su obligación de llevar el yugo de Cristo y trabajar en armonía con él. El Espíritu de Jesús descansa sobre él. Revela el amor, la piedad y la compasión del Salvador, porque es uno con Cristo. Anhela llevar a otros a Jesús. Su corazón se deshace de ternura al ver el peligro de las almas que están fuera de Cristo. Cuida de las almas como uno que ha de dar cuenta. Con invitaciones y ruegos mezclados con manifestaciones relativas a la seguridad de las promesas de Dios, trata de ganar a las almas para Cristo; y esto se registra en los libros de memoria. Es un obrero juntamente con Dios.

¿No es Dios el verdadero objeto de imitación? Debe ser la obra de la vida del cristiano vestirse de Cristo, y alcanzar una mayor semejanza a Cristo. Los hijos e hijas de Dios han de progresar en su semejanza a Cristo, nuestro modelo. Diariamente han de contemplar su gloria, han de observar su excelencia incomparable. Tiernos, veraces, y llenos de compasión, han de arrancar a las almas del fuego, aborreciendo aun las ropas manchadas por la carne.

NO ESTAMOS TRABAJANDO SOLOS

Hay una obra que debe ser hecha por el pueblo de Dios. ¿Qué cosa es verdadera elocuencia en la vida humana? Es un corazón lleno de sentimientos puros, una veneración por todos los mandamientos de Dios. Pero no se ha hecho trabajo ferviente. Se ha realizado una cierta rutina de deberes, pero esto no es suficiente. Salid de la huella común. Sí no podéis alcanzar a los miembros de las iglesias, no os desaniméis. Llevad la obra a los caminos, y si la justicia propia de aquellos por quienes trabajáis no resulta saturada por la levadura de la verdad, salid de la senda común e id a los vallados, y haced allí vuestra obra misionera.

Dios no os dejará que trabajéis solos. En todo momento, desde la proclamación del mensaje del tercer ángel, los ángeles de Dios han estado esperando para cooperar con el agente humano que es ferviente y está determinado a trabajar. Debemos introducirnos más profundamente en las minas de la verdad de lo que lo hemos hecho.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". ¡Oh, qué amor ha mostrado Dios por el hombre caído! ¿Por qué aquellos que conocen la verdad pasan de lado dejando sin auxilio a tantos que están sufriendo necesidad?

Todo el culto de Israel de antaño era una promesa, en figuras y símbolos, de Cristo; y no era una mera promesa, sino una verdadera provisión, destinada por Dios a ayudar a millones de personas, elevando sus pensamientos hacia Aquel que había de manifestarse a nuestro mundo.

CRISTO, LA REVELACIÓN DE DIOS

En Cristo el mundo contempló al Dios invisible. "Yo soy en el Padre -dijo él-, y el Padre en mí". "El que me ha visto, ha visto al Padre". "Si me conocieseis, también a mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto". En todos nuestros actos de verdadera devoción fijamos los ojos de nuestra fe en nuestro Abogado, que intercede entre el hombre y el trono eterno, y quien espera para tomar nota de todo esfuerzo nuestro y para ayudarnos por su Espíritu a lograr un conocimiento más perfecto de Dios.

El Cordero de Dios nos es presentado como quien está "en medio del trono" de Dios. El es el gran rito por medio del cual Dios y el hombre están unidos y tienen comunión el uno con el otro. Así se representa a los hombres como sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Este es el lugar designado en que se reúnen Dios y la humanidad.

"Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado". Cristo colocó a la naturaleza humana en una relación personal con su propia divinidad. Así él ha proporcionado un centro al cual puede aferrarse la fe del universo.

Dios quiere que su ley sea obedecida por todos los que creen en Cristo. Satanás sabía que si la familia humana podía ser inducida a creer que Dios abolió su norma moral de carácter, el hombre no tendría un anteojo moral por el cual pudiera mirar y ver qué clase de persona era.

"Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, éste tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se consideró a sí mismo, y se fue, y luego se olvidó qué tal era. Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste tal será bienaventurado en su hecho. Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es ésta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo".

Esta es la palabra del Dios vivo. La ley es el gran anteojo moral de Dios. El hombre ha de comparar sus palabras, su espíritu, sus actos con la Palabra de Dios. Si decidimos que en estos últimos días no tenemos una obra asignada que escapa al programa regular de las iglesias nominales, seremos grandemente chasqueados. El gran asunto que ha de investigarse, pesarse y decidirse, es: ¿Qué puedo hacer para alcanzar a las almas perdidas? Dios exige que los adventistas realicen una obra que no necesito definir. A menos que la obra se efectúe en primer término en sus propios corazones, todas las instrucciones específicas que puedan darse para señalar la conducta será trabajo vano.

Leed el segundo capítulo de Santiago. Practicad la verdad en vuestra vida cotidiana, y conoceréis la obra que el Señor os ha dado para hacer. Leed también el capítulo cuatro, especialmente los versículos 5-12; y el capítulo cinco, especialmente los versículos 13-20. Estos capítulos son letra muerta para la gran mayoría de los que pretenden ser adventistas del séptimo día. Se me ha indicado que os señalara estos pasajes, y el capítulo séptimo de Mateo. Necesitáis estudiar cada palabra como si de ella dependiera vuestra vida.

Lo que la Iglesia de Battle Creek necesita es que sus miembros sean hacedores de la Palabra. Esto inducirá a un gran número a salir de Battle Creek a otros lugares, pueblos y ciudades, donde la gente no ha tenido la luz y las oportunidades que vosotros habéis tenido. Muchas almas están ahora en la balanza. No están en Cristo. No se reúnen con Cristo. Su influencia está dividida. Desparraman.

Especialmente prestad atención a estas palabras: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña. Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina". Muchas casas que ahora se creen seguras caerán. El Señor declara que él no acepta un servicio dividido.

PRECIOSAS PALABRAS DE ADVERTENCIA Y PROMESAS

Si prestáis atención a las palabras de advertencia que se hallan en los capítulos que se me ha instruido a presentar delante de vosotros, cambiaréis vuestra actitud, y llegaréis a ser hijos de Dios. Así podéis salvar vuestras almas por la fe en Cristo Jesús. Recibiréis el consejo dado en el capítulo 58 de Isaías. Si seguís las instrucciones señaladas, se cumplirá la promesa: "Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salud se dejará ver presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y oírte ha Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad; y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día; y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan".

Haceos cargo de la obra que se os ha señalado. El Señor cumplirá la promesa por su parte. Estos textos inspirados nunca os habrían sido dados si el Señor no hubiera tenido confianza de que podéis hacer todas las cosas que él ha requerido. Podéis escuchar la invitación: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga".

Podéis elevaros hasta las alturas a las cuales os invitan las Santas Escrituras. La verdadera religión significa vivir la Palabra en vuestra vida práctica. Vuestra profesión no tiene ningún valor sin la práctica realización de la Palabra. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame". Esta es la condición para ser discípulo. "He aquí mi siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi alma: Pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará: Ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles".

Gracias a Dios de que se está realizando una obra fuera de la iglesia. La iglesia no ha sido educada debidamente para trabajar fuera de sus propios miembros. Muchas almas ajenas a la iglesia podrían haber sido iluminadas, y un caudal mucho mayor de luz podría haber sido traído a la iglesia, si ésta hubiera trabajado con el corazón y el alma y la voz para ganar almas para la verdad. Demasiado poco trabajo realizan los miembros de la iglesia en favor de los que necesitan la luz, los que están fuera de la Iglesia Adventista. El Señor declara: "La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles". Los que cooperan con Cristo Jesús se darán cuenta de que todas estas promesas se cumplen en su propia experiencia. El Señor ha señalado el deber de cada alma. En el juicio nadie tendrá excusa alguna que presentar por no haber cumplido con su deber.

UNA PRUEBA DE DISCIPULADO MAS ESTRECHA

La prueba de discipulado no se aplica tan estrechamente como se debiera a aquellos que se presentan para el bautismo. Debe saberse si los que profesan estar convertidos están simplemente adoptando el nombre de adventistas del séptimo día, o si están tomando su posición del lado del Señor para salir del mundo y separarse y no tocar cosa inmunda. Cuando dan evidencia de que entienden plenamente su posición, han de ser aceptados. Pero cuando revelan estar siguiendo las costumbres y modas y sentimientos del mundo, ha de tratarse con ellos con firmeza. Si no sienten ninguna preocupación por cambiar su conducta, no deben ser retenidos como miembros de la iglesia. El Señor desea que aquellos que componen su iglesia sean veraces, fieles mayordomos de la gracia de Cristo.

El pecado de estos últimos días está sobre los profesos hijos de Dios. Por el egoísmo, el amor al placer y el amor al vestido, niegan a Cristo al cual su condición de miembros de Iglesia indica que están siguiendo. Agradezco a Dios de que Cristo Jesús conoce todo impulso del corazón del creyente. Muchos que profesan ser hijos de Dios no siguen a Cristo. Su frivolidad, su conversación liviana, su deseo de piedad aristocrática, sus blancos bajos, descarrían a otros que seguirían una conducta diferente si no fuera por el ejemplo de estos personajes engañosos, que no aman a Cristo ni practican su voluntad, sino que simplemente siguen sus propias imaginaciones.

Jesús conoce a todo corazón que es humilde, dócil y manso. Estos tienen pruebas y cometen errores, pero tienen el corazón quebrantado porque afligen al Salvador, quien los amó y murió por ellos. Vienen humildemente a sus pies; pelean sus batallas. Con humildad y mansedumbre de corazón tratan de hacer bien a los demás. Tratan de hacer progresar la causa de la verdad con un esfuerzo bueno y ferviente.

El Señor Jesús ama a aquellos por quienes ha dado su vida; y cuando se permite que influencias mundanas se interpongan entre ellos y su Ayudador, cuando se escoge a los ídolos antes que a Cristo, cuando su llamado al alma humana es considerado con indiferencia y no hay respuesta, Jesús se aflige. El sabe que ellos hacen frente a grandes pérdidas, porque son piedras de tropiezo para los pecadores. No están recogiendo con Cristo, sino desparramando. Pero cuando, en una gran aflicción, el Espíritu de Dios toca su corazón, y se vuelven a él, él escucha sus plegarias. Cristo conoce la capacidad que ha dado a toda alma de servirle para su bien presente y eterno. Anhela que estas almas no lo chasqueen. Quiere que brillen en su reino. Los que sean más altamente honrados serán aquellos que tomen su cruz cada día, y sigan a Cristo.

HACED DE LA VERDAD UNA REALIDAD

El Señor Jesús exige que toda alma haga de la verdad una realidad. Mostrad que creéis que no estáis a medias con Cristo y a medias con el mundo. De todos los tales Cristo dice: "¡Ojalá fueses frío o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". El que aprecia el amor de Cristo será un obrero ferviente con Jesús para traer a otras almas como gavillas al Maestro. Todos los que están relacionados con Cristo hacen siempre una obra cuidadosa. Llevan fruto para su gloria. Pero la indolencia y el descuido y la frivolidad separan al alma de Cristo, y Satanás viene para realizar su voluntad en el pobre súbdito mundano. Tenemos una gran verdad, pero por una indiferencia llena de descuido, la verdad ha perdido su fuerza sobre nosotros. Satanás ha entrado con sus engañosas tentaciones, y ha inducido a los profesos seguidores de Cristo a apartarse de su Director, así se clasifican ellos entre las vírgenes fatuas.

El Señor viene, y ahora necesitamos el aceite de la gracia en las vasijas de nuestras lámparas. Pregunto ¿Quién estará de parte del Señor? Antes que Jesús se fuera, prometió regresar de nuevo, y recibirnos a sí mismo, "para que donde yo estoy -dijo él-, vosotros también estéis". Somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Hemos de esperar, velar, orar y trabajar. Toda la mente, toda el alma, todo el corazón, y toda la fuerza han sido comprados por la sangre del Hijo de Dios. No hemos de creer que tenemos el deber de usar un ropaje de peregrino precisamente de un color o de una forma tales, sino que hemos de emplear el atavío prolijo y modesto que la Palabra inspirada nos enseña a usar. Si nuestros corazones están unidos con el corazón de Cristo, tendremos un deseo muy intenso de ser vestidos de su justicia. Nada se colocará sobre la persona para atraer la atención, o para crear polémica.

¡Cristianismo: cuántos hay que no saben lo que es! No es algo que nos ponemos encima en forma externa. Es una vida infundida dentro de nosotros por la vida de Jesús. Significa que estamos usando el manto de la justicia de Cristo. Con respecto al mundo, los cristianos dirán: No nos meteremos en política. Dirán decididamente: Somos peregrinos y extranjeros; nuestra ciudadanía es la de arriba. No se los verá eligiendo la compañía del placer. Dirán: Ya no nos infatuamos con cosas pueriles. Somos peregrinos y advenedizos, marchamos a una ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios.

La Observancia del Sábado Como Señal de Lealtad

Pido a todos los que se han unido en una conducta errónea frente a los principios que hagan una decidida reforma, y anden para siempre humildemente con Dios. El mundo pronto ha de ser juzgado. Un Dios justo debe vengar la muerte de su Hijo. Hoy en día los hombres eligen a Barrabás y dicen: Crucifica a Cristo. Harán esto en la persona de sus santos. Recorrerán el mismo camino que los sacerdotes y gobernantes judíos en su trato con Cristo. El, el Hijo de Dios, hombre inocente, fue muerto porque dijo a los hombres verdades que no les agradaba oír. Sin embargo era el Hijo del Dios infinito.

Los que hoy en día desprecian la ley de Jehová, no manifestando ningún respeto por sus mandamientos, están tomando partido con el gran apóstata. Proclaman a un mundo corrompido por el pecado que la ley de Dios es nula y sin valor. Los que declaran esto como verdad engañan a la gente, y virtualmente han clavado la ley de Jehová en la cruz entre los dos ladrones. ¡Qué pensamiento!

Frente a los mundos no caídos y al universo celestial, el mundo ha de dar cuenta ante el Juez de toda la tierra, el mismo a quien han condenado y crucificado. ¡Qué día de ajuste será aquél! Es el gran día de la venganza de Dios. Cristo entonces no estará en el tribunal de Pilato. Pilato y Herodes, y todos los que se burlaron, azotaron, rechazaron y crucificaron al Señor, comprenderán entonces qué significa sentir la ira del Cordero. Sus hechos aparecerán ante ellos en su verdadero carácter.

UN ENGAÑO TERRIBLE

¡Qué engaño terrible albergan los que piensan que el mundo está mejorando! Cristo declara: "Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre". "Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre". A una situación semejante llegará el mundo al rechazar la ley de Dios.

"Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, éste también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero: Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran a la bestia y a su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la señal de su nombre".

Juan fue llamado a contemplar a un pueblo distinto de los que adoran a la bestia o a su imagen al guardar el primer día de la semana. La observancia de este día es la marca de la bestia. Juan declara: "Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús".

"Entonces el dragón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo". Se nos muestra claramente que existirán dos bandos en el momento en que aparezca nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿En cuál bando deseamos ser hallados? "Y he aquí, yo vengo presto -dice Cristo-, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra. Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad". Este es el destino de los que observan los mandamientos. ¿No debemos todos desear estar entre el número de personas que tendrán derecho al árbol de la vida, y que entrarán por las puertas en la ciudad?

Adán y Eva y su posteridad perdieron el derecho al árbol de la vida a causa de su desobediencia. "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre: Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado". Adán y Eva transgredieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran alejados del Edén y separados del árbol de la vida, pues comer de él después de su transgresión, perpetuaría el pecado. "Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida". El hombre dependía del árbol de la vida para la inmortalidad, y el Señor tomó estas precauciones para que los hombres no comieran de ese árbol y vivieran para siempre, llegando a ser pecadores inmortales.

La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra prueba. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurar para el hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para hacer que el pecado fuera un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el poder de la muerte, esto es al diablo. Sufrió la plena penalidad de una ley quebrantada por el mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que se volvieran a su lealtad y observaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo.

UNA SEÑAL DE OBEDIENCIA

La señal de obediencia es la observancia del sábado del cuarto mandamiento. Si los hombres guardan el cuarto mandamiento, guardarán todo el resto. No fue una voz humana la que le habló a Moisés, dándole el sábado como una señal. "Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos".

El Señor no deja un precepto tan importante como éste sin especificación. "Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente. Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo".

LA FILOSOFÍA HUMANA FRENTE A LA REVELACIÓN DIVINA

La filosofía humana declara que para la creación del mundo se demoró un período indefinido de tiempo. ¿Presenta Dios el asunto en esta forma? No; él dice: "Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días [no seis períodos indefinidos de tiempo; porque entonces no habría manera posible en que el hombre pudiera observar el día especificado en el cuarto mandamiento] hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó". Leed por favor cuidadosamente el quinto capítulo de Deuteronomio. Dios dice de nuevo: "Acordarte has [no olvides] del día del reposo, para santificarlo... Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó".

Sin embargo, teniendo ante ellos los oráculos vivientes, los que pretenden predicar la Palabra presentan las suposiciones de mentes humanas, las máximas y los mandamientos de hombres. Anulan la ley de Dios por sus tradiciones. Los sofismas referentes a que el mundo ha sido creado en un período indefinido de tiempo es uno de los engaños satánicos. Dios habla a la familia humana en lenguaje que ésta puede comprender. El no deja el tema tan indefinido que los seres humanos puedan acomodarlo a sus teorías. Cuando el Señor declara que él hizo el mundo en seis días y descansó en el día séptimo, él hace referencia a días de veinticuatro horas, que él ha señalado con la salida y la puesta del sol.

Dios no presentaría la sentencia de muerte por la desobediencia con respecto al sábado, a menos que hubiera presentado antes a los hombres una comprensión clara del sábado. Después que hubo creado a nuestro mundo y al hombre, él miró la obra que había realizado, y declaró que era muy buena. Y cuando los fundamentos de la tierra fueron colocados, el fundamento del sábado también lo fue. "Cuándo las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios", Dios vio que el sábado era esencial para el hombre, aun en el Paraíso. Al darle el sábado al hombre, Dios consideró su salud espiritual y su salud física.

NO CUALQUIER DÍA DE LOS SIETE

Dios hizo al mundo en seis días literales, y en el séptimo día literal descansó de toda su obra que él había hecho, y fue refrigerado. Así ha dado al hombre seis días en los cuales trabajar. Pero santificó el día en que él descansó, y lo dio al hombre para ser observado, para que se lo conservara libre de todo trabajo secular. Al poner aparte así el sábado, Dios dio al mundo un monumento conmemorativo. No apartó un día y cualquier día de los siete, sino un día específico, el séptimo día. Y al observar el sábado, manifestamos que reconocemos a Dios como el Ser vivo, el Creador de los cielos y la tierra.

No hay nada en el sábado que lo restrinja a una clase particular de personas. Ha sido dado para todo el género humano. Ha de ser empleado, no en la indolencia, sino en la contemplación de las obras de Dios. Esto habían de hacer los hombres para que "supiesen que yo soy Jehová que los santifico".

El Señor se acerca mucho a su pueblo en el día que él ha bendecido y santificado. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. El un día emite palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría". El sábado es un monumento conmemorativo de Dios, que señala a los hombres al Creador, que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él. En las colinas eternas, en los árboles majestuosos, en todo capullo que se abre y en toda flor que florece, podemos contemplar la obra del gran Artífice Maestro. Todo nos habla de Dios y de su gloria.

Todo hijo de Dios leal tratará de conocer la verdad. Juan declaró la verdad tan claramente como para que un niño pudiera entenderla. "Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce". ¿Escogemos ser clasificados entre aquellos que no disciernen la verdad, que están tan cegados por el poder engañoso del enemigo que sus ojos no ven a Aquel que es la expresa imagen de la persona del Padre?

Los seguidores de Cristo pertenecen completamente a otra clase. "Mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros. No os dejaré huérfanos: vendré a vosotros. Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis". "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él". "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió". La palabra de un ser humano no ha de ser recibida y creída sin ninguna pregunta. Primeramente tenemos que preguntar: ¿Hablan ellos en armonía con la Palabra? ¿Rechazan un sencillo "Así dice el Señor" porque ven que ello implica una cruz?

¿EN QUE LADO ESTÁIS VOSOTROS?

¿Estamos nosotros en el lado de los que rechazan ser leales a Dios? No tienen interés en conocer a Dios. Rechazan al divino Hijo de Dios, la personificación de toda la bondad humana. Se colocan a sí mismos junto con aquellos que, aun cuando no podía señalarse ninguna falta en Cristo, escogieron antes a un ladrón y a un asesino. Esto testifica del gusto moral del mundo. ¿Estaremos nosotros en el lado del mundo, o en el lado de Cristo quien declaró: "He guardado los mandamientos de mi Padre"?

La palabra de Jehová permanecerá para siempre. "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron... En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, más de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad".

Los que reciben a Cristo por la fe como su Salvador personal no pueden estar en armonía con el mundo. Hay dos clases distintas: una es fiel a Dios, y guarda sus mandamientos, mientras que la otra habla y actúa como el mundo, poniendo a un lado la Palabra de Dios, que es la verdad, y aceptando las palabras del apóstata, que rechazó a Jesús.

¿A QUIEN ELEGIRÉIS VOSOTROS?

¿En qué lado estamos nosotros? El mundo echó fuera a Cristo; los cielos lo recibieron. El hombre, el hombre finito, rechazó al Príncipe de la Vida; Dios, nuestro gobernante soberano, lo recibió en los cielos. Dios lo ha exaltado. El hombre lo coronó con una corona de espinas; Dios lo ha coronado con una corona de real majestad. Todos nosotros debemos pensar sin prejuicio. ¿Queréis tener a este hombre, Cristo Jesús, para gobernar sobre vosotros, o queréis tener a Barrabás? La muerte de Cristo acarrea al que rechaza su misericordia la ira de los juicios de Dios, sin mezcla de misericordia. Esta es la ira del Cordero. Pero la muerte de Cristo es esperanza y vida eterna para todos los que lo reciben y creen en él.

Con toda seguridad Dios llama al mundo a juicio para vengar la muerte de su Hijo unigénito, Aquel que estuvo en el tribunal de Pilato y de Herodes. Él está ahora en los atrios celestiales haciendo intercesión por el pueblo que lo rechazó. ¿Escogeremos la estampa del mundo, o decidiremos ser el pueblo peculiar y separado de Dios? ¿Recibiremos un "Así dice el Señor", en lugar del "Así dice" del hombre? El poder papal, el hombre de pecado, decide que la Iglesia Católica Romana ha cambiado la ley de Dios. En lugar del séptimo día ellos han bautizado y presentado al mundo a un hijo del papado, el primer día de la semana, para ser observado como día de descanso sagrado. El mundo protestante ha recibido a este hijo del papado, lo ha acunado, y le ha tributado el honor que Dios ha colocado sobre el séptimo día.

"Mirad, yo os he enseñado estatutos y derechos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para poseerla. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra: porque ésta es vuestra sabiduría, y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es ésta. Porque ¿qué gente grande hay que tenga los dioses cercanos a sí, como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué gente grande hay que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley que pongo hoy delante de vosotros? Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos; el día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Júntame el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra: y las enseñarán a sus hijos... Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, las diez palabras; y escribiólas en dos tablas de piedra".

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es: Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón: Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes: Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos: Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas".

"Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos: Sino porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano fuerte... Guarda por tanto los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que cumplas". Leed por favor con cuidado todo el capítulo séptimo de Deuteronomio, y pensad en la Palabra de Dios.

¿Os apartaréis de un sencillo "Así dice el Señor" después de leer la historia del pecado de Adán y su caída? El cayó porque desechó las palabras del Señor y prestó oído a las palabras de Satanás. ¿Vale la pena cometer transgresión? Por la transgresión Adán perdió el Edén. Por la transgresión de los mandamientos de Dios el hombre perderá el cielo, y una eternidad de bendición. Estas no son fábulas ociosas, sino verdad. De nuevo pregunto: ¿De qué lado estáis vosotros? "Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él".