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Testimonios para los Ministros

Capítulo 12

Medios y Métodos

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Un Diezmo Fiel

Cooranbong, Australia, 10 de septiembre de 1896.

Muchos presidentes de asociaciones de estado no atienden aquello que es su trabajo: ver qué los ancianos y los diáconos de las iglesias hagan su obra en ellas, tratando de que entre un diezmo fiel en la tesorería. Malaquías ha especificado que la condición de la prosperidad consiste en traer a la tesorería de Dios aquello que pertenece al Señor. Este principio necesita ser presentado con frecuencia ante los hombres que son descuidados en su deber para con Dios, y que son flojos y laxos en traer sus diezmos, dones y ofrendas a Dios. "¿Robará el hombre a Dios?" "¿En qué te hemos robado?" es la pregunta formulada por los mayordomos infieles. La respuesta se formula de manera sencilla y positiva: "Los diezmos y las primicias malditos son con maldición, porque vosotros, la nación toda me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí, y halla alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde". Leed por favor todo este capítulo, y considerad si se pueden hablar palabras más claras y positivas que éstas. Son tan positiva que nadie que desee comprender todo su deber para con Dios, necesita cometer un error en este asunto. Si los hombres ofrecen alguna excusa para explicar por qué no cumplen con su deber, es porque son egoístas, y porque no tienen el amor y el temor de Dios en sus corazones.

NO HAY EXCUSA PARA EL DESCUIDO EN EL PAGO DEL DIEZMO

El Señor ha exigido siempre esta respuesta a los planes que él ha trazado para llevar adelante su obra en nuestro mundo. Nunca ha cambiado el propio plan que él ha hecho. Reclama todo como suyo, y afirma que de lo que confió a los hombres exige la porción que le pertenece. "Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Tornaos a mi, y yo me tornaré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos."

Los que afirman que no pueden entender esta declaración sencilla y decisiva -la cual, si son obedientes significa tanto para ellos en bendiciones que recibirán, que aun las ventanas de los cielos serán abiertas y las bendiciones serán derramadas en forma super abundante- no son honrados delante de Dios. Pero esto no será de ningún valor para ellos en el gran día del juicio.

TODOS HAN DE CUMPLIR CON SU DEBER

Ingrese ahora todo el diezmo descuidado. Que el nuevo año se inicie sobre vosotros como hombres honrados en su trato con Dios. Que los que han retenido sus diezmos los envíen antes que termine el año 1896, para que puedan estar bien con Dios y nunca, nunca corráis de nuevo el riesgo de ser maldecidos por Dios. Presidentes de nuestras asociaciones, cumplid vuestro deber; no habléis vuestras palabras, sino un sencillo "Así dice el Señor". Ancianos de las Iglesias, cumplid vuestro deber. Trabajad de casa en casa, para que la grey de Dios no sea remisa en este gran asunto, lo cual implica tal bendición o tal maldición.

Vengan en ayuda del Señor todos los que temen a Dios, y muéstrense como fieles mayordomos. La verdad debe ir a todas partes del mundo. Se me ha mostrado que muchos en nuestras iglesias están robando a Dios en los diezmos y las ofrendas. Dios ejecutará sobre ellos aquello que él ha declarado. A los obedientes, les dará ricas bendiciones; a los transgresores, una maldición. Todo hombre que lleva el mensaje de la verdad a nuestras iglesias debe cumplir su deber amonestando, educando, reprendiendo. Cualquier descuido del deber que es un robo a Dios significa una maldición para el delincuente.

El Señor no considerará sin culpa a aquellos que son deficientes en hacer la obra que él exige de sus manos: ver que la iglesia se mantenga sana y saludable espiritualmente, y cumpliendo con todo su deber en no permitir ninguna negligencia que traiga sobre su pueblo la maldición con que es amenazado. Se pronuncia una maldición sobre todos los que retienen sus diezmos. Dios dice: "¿Robará el hombre a Dios?" Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa".

Este no es el pedido de un hombre; es uno de los mandatos de Dios, por el cual su obra puede ser sostenida y llevada adelante en el mundo. Dios nos ayude a arrepentirnos. "Tornaos a mí, -dice él-, y yo me tornaré a vosotros". Hombres que tienen el deseo de cumplir con su deber, tienen ese deber presentado con toda claridad en este capítulo. Nadie puede excusarse de pagar su diezmo y sus ofrendas al Señor.

El Señor nos confiere sus dones en forma abundante. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna". Toda bendición que tenemos nos viene por medio de Jesucristo. ¿No debemos entonces levantarnos y cumplir con nuestro deber hacia Dios, de quien dependemos para la vida y la salud, de quien dependemos para recibir sus bendiciones sobre nuestras cosechas y campos, nuestro ganado, nuestros rebaños y nuestras viñas? Se nos asegura que si damos para la tesorería del Señor, recibiremos de él de nuevo; pero si retenemos nuestros medios, él retendrá su bendición de nosotros, y enviará una maldición sobre los infieles.

Diós ha dicho: "Probadme ahora en esto,. . .si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde". ¡Qué maravillosa presentación en bendiciones prometidas nos está dando el Señor! ¿Quién se aventura a robar a Dios los diezmos y las ofrendas con una promesa semejante? "Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová los ejércitos".

Otro año casi ha pasado a la eternidad, con su carga de recuerdos. Echemos un vistazo al año pasado, y si no hemos cumplido todo nuestro deber en forma voluntaria, de todo corazón para el Señor, comencemos el año nuevo haciendo un registro fiel para nuestro Dios.

Instrucción Práctica en el Trabajo

Cooranbong Australia, 14 de junio de 1896.

Queridos Hno. y Hna. _____:

El viernes pasado de noche estaba conversando con vosotros, diciéndoos algo con referencia a vuestros métodos de trabajo. El Vigilante celestial estaba a mi lado, y me gustaría poder escribir cada palabra que él pronunció; pero temo no poder hacerlo.

Ud. dijo: "Me gustaría saber algo con respecto a mi deber. De alguna manera no me siento satisfecho con el resultado de mi trabajo". La voz de Aquél que estaba junto a nosotros se oyó entonces diciendo: "Ten fe en Dios; aprende de Cristo Jesús. Cuando manejas las verdades sagradas de la Palabra de Dios, mantén a Cristo levantado. Tu gran necesidad es aprender la manera que tenía Cristo de enseñar. Cuando estas enseñando a la gente presenta solamente unos pocos puntos vitales, y mantén tu mente concentrada en estos puntos. Tú pones en tus discursos ideas sin importancia. Estas no son siempre un "sabor de vida para vida", y no tienen verdadera relación con tu texto. Apartándote de la línea recta, al traer aquello que distrae las mentes del tema, debilitas todo lo que has dicho antes".

LA PRESENTACIÓN DESCONECTADA DE LA VERDAD

Dios no quiere que Ud. piense que es impresionado por su Espíritu cuando se aleja de su tema, incluyendo asuntos ajenos con el propósito de reprender, asuntos que no debieran mencionarse en relación con las palabras de la verdad solemne y sagrada. Al hacer esto, Ud. pierde su orientación, y debilita el efecto de lo que es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en Justicia. Ha anulado el efecto de muchas ideas preciosas, mezclándolas con pensamientos que han acudido a su mente pero que no tienen relación con el tema. Lo que esta divorciado del tema que se halla bajo consideración no debe encontrar ningún lugar en sus discursos.

Hay en este mundo corazones que claman en alta voz por el Dios vivo. pero la indefensa naturaleza humana ha recibido alimento desabrido; se han dado discursos insatisfactorios a las almas hambrientas en las iglesias. En estos discursos no se halla la manifestación divina que toca la mente, y crea un fulgor en el alma, los oyentes no pueden decir: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las escrituras?" Se da a la gente abundancia de paja, pero ésta no despertará al transgresor ni convencerá a las almas del pecado. Las almas que vienen a escuchar necesitan de una presentación clara y directa de la verdad. Los que han gustado la palabra de Dios por mucho tiempo en una atmósfera donde no hay Dios, y anhelan la presencia divina.

Ceñíos los lomos de vuestro entendimiento, para que podáis presentar la verdad de Dios en forma aceptable. Predicad la verdad en su sencillez, pero que vuestros discursos sean cortos. Espaciaos decididamente en unos pocos puntos importantes. Comprended a cada momento que debéis tener la presencia del Espíritu Santo, porque el puede realizar una obra que nosotros no podéis hacer por vosotros mismos. Si tenéis alguna carga de carácter desagradable en vuestra mente, libraos de ella por un trabajo personal o por medio de la oración ferviente antes que acudáis ante la gente. Rogad con fervor ante Dios para que os quite la carga de vuestra mente. Manteneos decididamente dentro de unos pocos puntos. Dad a la gente trigo puro debidamente aventado de todo el tamo. No permitáis que vuestros discursos abarquen tanto que se vea debilidad en lugar de un sólido argumento. Presentad la verdad como es en Jesús, para que los que escuchen reciban la misma impresión.

LOS MALES DE LOS SERMONES LARGOS

Hablad corto. Vuestros discursos son generalmente de doble extensión de lo que debieran ser. Es posible tratar una cosa buena de tal manera que pierda su sabor. Cuando un discurso es demasiado largo, la última parte de la predicación disminuye la fuerza y el interés de lo que ha precedido. No vayáis de un lugar a otro, sino id directamente al punto. Dad al pueblo el propio maná del cielo, y el Espíritu dará testimonio a vuestro espíritu de que no sois vosotros quienes habláis, sino que el Espíritu Santo es el que habla por vuestro medio. El maestro de la Palabra de Dios debe primeramente hablar con Dios, y entonces puede presentarse ante la gente con la operación del Espíritu Santo en su mente. Si él coopera fielmente con Cristo, se cumplirá la promesa: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días".

Cuidad de no perder nunca el sentido de la presencia del divino vigilante. Recordad que estáis hablando no solo a una asamblea carente de iluminación, sino a Uno a quien siempre debéis reconocer. Hablad como si todo el universo del Cielo estuviera ante vosotros, así como el hambriento grupo de las ovejas y corderos de Dios que debe ser alimentado.

PREDICAD LA PALABRA

Los que pretenden predicar la Palabra deben predicar la Palabra, recordando siempre que son obreros juntamente con Dios. El es su eficiencia, y si a él se le da la oportunidad, obrará por ellos. Si son humildes, si no confían en su propia supuesta sabiduría y capacidad, Dios colocará argumentos en su mente, y hablará por medio de sus labios. También impresionará las mentes de los oyentes, preparando sus corazones para recibir la simiente que se siembra.

Hermano mío, el poder de Dios debe hacer una obra diaria en favor de Ud. o de otra manera, en lugar del Espíritu Santo, el enemigo de Dios y del hombre estará a su lado. Bajo su influencia, aparecerá debilidad en su obra. Los puntos de fe más preciosos que se relacionan con la salvación del alma serán echados a perder y mutilados en sus manos.

A menos que Ud. cambie su forma de trabajo, dará una educación errónea a los que están relacionados con Ud. en la obra. Ojalá que su corazón luche y se quebrante por el anhelo que tiene de Dios, del Dios vivo. No permita que nada distraiga su mente de la obra de Dios a asuntos sin importancia. Con todas las energías que Dios le ha dado trabaje fervientemente y con oración, pidiendo a la iglesia que coopere con Ud. No ponga ninguna confianza en si mismo, sino que descanse la seguridad de que Dios es el obrero jefe. Ud. es solamente su siervo; y su obra ha de proclamar sus palabras: "Nosotros, coadjutores somos de Dios".

LA NEGACIÓN DEL YO

De ninguna manera se atribuya la gloria de si mismo. No trabaje con una mente dividida, tratando de servir al yo y a Dios al mismo tiempo. Mantenga al yo fuera de la vista. Que sus palabras guíen a los cansados y trabajados a llevar sus cargas a Jesús. Trabaje como viendo a Aquel que está a su mano derecha, listo para impartirle su eficiencia y su poder omnipotente en toda emergencia.

El Señor es su consejero, su guía, el capitán de su salvación. El va delante de su rostro, conquistando y para conquistar. Conságrese a sí mismo, en alma y cuerpo a él, eliminando toda complacencia propia. Niéguese a si mismo; tome su cruz, y trabaje con fervor por el maestro. No gaste innecesariamente su fuerza dando largos discursos. Esto gasta la vitalidad, de manera que no queda fuerza suficiente para dedicar a la parte más importante de la obra: el ministerio de casa en casa.

LA OBRA DE UN EVANGELISTA

Enseñar las Escrituras, orar con las familias, esta es la obra de un evangelista, y este trabajo ha de combinarse con su predicación. Si esto se omite, la predicación será, en extenso grado, un fracaso. Ud. debe ser celoso de sí mismo. Ud. y su esposa necesitan acercarse a la gente por medio del esfuerzo personal. Enseñe a las personas que el amor de Dios debe llegar al santuario íntimo de la vida del hogar. Si Ud. lo desea, puede tener el poder interno del Espíritu Santo para ayudarlo en su trabajo.

Estamos llevando el último mensaje de misericordia a un mundo que perece y Dios nos pide que aportemos frescura y poder a su obra. Podemos hacerlo únicamente con la ayuda del Espíritu Santo. Las tendencias heredadas y los malos hábitos deben ser disciplinados y crucificados a menudo. Humillaos bajo la mano de Dios; porque vuestros métodos no son los métodos de Dios, y vosotros dos tenéis mucho que aprender en la escuela de Cristo.

Anoche os fueron habladas estas palabras de instrucción: "Tomad consejo con vuestros hermanos. Vuestros planes necesitan la cuidadosa consideración de otras mentes". Han sido dadas advertencias sobre el depender de los hombres y confiar en su sabiduría. El tentador se propone desviar a los hombres persuadiéndolos a que dejen de mirar a Jesús en procura de fuerza y eficiencia, y a hacer de la carne su brazo. Esto se ha hecho en muchos casos. Satanás ha armado su trampa para hacer caer a los hombres y ganarlos para su lado, tratando de prevalecer sobre ellos e induciéndolos a depender de sus semejantes finitos y descarriados.

PELIGRO ESPECIAL DE IR A LOS EXTREMOS

Pero cuando se da una reprensión sobre este punto, el enemigo toma el consejo dado, y lo presenta en una luz tan pervertida que aquellos que desean seguir su propio juicio se sienten el libertad de planear e idear medidas importantes sin tomar consejo a sus hermanos. Así otro error pugna por ser reconocido. Los hombres van a un extremo en una dirección, y si se los corrige, van en extremo en la dirección opuesta.

Estaréis en peligro de cometer errores si actuáis según vuestra propia supuesta sabiduría. Necesitáis consejo. No tenéis eficiencia para toda clase de trabajo, y no debéis comenzar obra en lugares importantes si hay peligro de que coloquéis un fundamento que no podáis completar. La luz debe ser dada en forma expresa por Dios, y el deber ha de ser claro e inconfundible antes que uno o dos hombres entren en campos nuevos e importantes. Necesitáis consultar con vuestros hermanos, porque hay peligro de que corráis demasiado rápidamente en idear planes y métodos.

Os han sido expresadas con respecto vuestros hermanos palabras que nunca debieran haberse dicho. Los falsos conceptos que existen en otras mentes han sido comunicados a vosotros, y vuestra mente ha sido inducida en un curso de pensamiento especulativo que no es seguro ni correcto. Vigilad vuestros pensamientos. Guardad estrechamente los impulsos de vuestra mente y corazón. Se han hablado palabras que os han inducido a poner más confianza de lo que es correcto en vuestros propios planes y métodos. Salen de vuestros labios palabras espontáneas que no son sancionadas por Dios. Prestad atención a esto, no sea que, cuando llegue el tiempo en que podáis mostraros amigos y podáis ocupar el lugar de un amigo dando un consejo sano, no estéis preparados.

LA IMPORTANCIA DE CONSULTAR CON LOS HERMANOS

No debéis andar independientemente de todo consejo. Es vuestro deber consultar con vuestros hermanos. Esto puede afectar vuestro orgullo, pero la humildad de una mente enseñada por el Espíritu Santo escuchará el consejo, y disipará toda confianza propia. Cuando se dé un consejo que esté en desacuerdo con nuestros propios deseos personales, no habéis de pensar que vuestra propia sabiduría es suficiente para que vosotros aconsejéis a otros, o que estáis en condiciones de desoír el consejo dado.

Dondequiera que trabajéis, hay necesidad de que combinéis vuestros esfuerzos con los de otros obreros eficientes. Vosotros no sois un todo completo, no podéis completar con éxito una serie de reuniones por vosotros mismos, pero podéis hacer vuestra parte con otros obreros. Esto puede ser humillante para vosotros; pero no debe serlo, pues Dios ha dado una variedad de dones, y él desea que estos dones se combinen en perfecta armonía.

Necesitáis comprender el peligro de ver los asuntos desde vuestro propio punto de vista y con vuestros propios ojos o discernimiento. Sería bueno que explicarais francamente vuestros planes a vuestros hermanos, para que sepáis cómo aparecen cuando se ven desde el punto de vista de ellos, pues las circunstancias pueden ser tan vívidamente impresionadas en vuestra mente, que sea imposible para vosotros tener un juicio equilibrado. Sean plenamente investigados vuestros planes; y con ferviente oración encomendada vuestro caso a Aquel que conoce todas las cosas. Consultad juntos. No permitáis que los susurros de vuestra propia mente o de otras mentes, cierren la puerta de vuestro corazón al consejo de los siervos del Señor.

9 de agosto de 1896.

Os he escrito esto porque es un problema serio, que implica graves consecuencias, que afectará el futuro de la obra en otras localidades. El Hno. ______ no necesita palabras de adulación de parte de Ud.; porque él tiene todo el estimulo de sus propias capacidades, y las hace aparecer para desmerecer a otros. No se da cuenta de que está tratando de ser el primero. No está preparado para llevar sobre sí las responsabilidades de un ministro del Evangelio; porque necesita un espíritu humilde y contrito. Necesita continuar dando estudios bíblicos, y cuando sus hermanos vean que es apto para actuar como predicador del Evangelio, esto se hará manifiesto. Ud. necesita tener cuidado.

LA OBRA DEL COLPORTAJE

No veo por qué el colportaje no sea una obra tan buena y de tanto éxito como pueda hacerse para el Señor. Los colportores pueden llegar a familiarizarse con la gente, pueden orar con ella, y entender sus verdaderas necesidades. Por la luz que Dios me ha dado, afirmo que es grande la responsabilidad que descansa sobre los colportores. Ellos deben ir preparados para explicar las Escrituras, y nada debe decirse o hacerse para atarles las manos. Si ponen su confianza en el Señor mientras viajan de lugar en lugar, el ángel los rodeará, dándoles las palabras que deben hablar y que traerán luz, esperanza y valor a muchas almas. Si no fuera por la obra del colportor, muchos nunca oirían la verdad.

El colportor debe llevar consigo libros y folletos para entregar a aquellos que no pueden comprar libros de él. De esta manera la verdad puede ser introducida en muchos hogares.

De todos los dones que Dios ha dado al hombre, ninguno es una bendición más noble o más grande que el don del habla, si es santificado por el Espíritu Santo. Es con la lengua como convencemos y persuadimos; con ella ofrecemos oración y alabanza a Dios; y con ella transmitimos ricos pensamientos del amor del Redentor. Por medio de su obra, el colportor puede esparcir las simientes de la verdad, haciendo que la luz de la Palabra de Dios brille en muchas mentes.

NO EMPEQUEÑEZCÁIS EL MINISTERIO EVANGÉLICO

Espero sinceramente que ninguna persona reciba la impresión de que un ministro del Evangelio se rebaja al colportar. Escuchad el testimonio del apóstol Pablo: "Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los judíos; cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a los judíos y a los gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo". El elocuente Pablo, a quien Dios se manifestó de una manera maravillosa, iba de casa en casa, con toda humildad de mente, y con muchas lágrimas y tentaciones.

UN MINISTERIO PRECIOSO

Se me ha mostrado que el más precioso ministerio puede realizarse por medio del colportaje, usado por los pastores. Al hacer esta obra, obtendrán una experiencia variada, y estarán haciendo la misma obra que hizo el apóstol Pablo. Copio un extracto de una exhortación hecha a nuestros hermanos con respecto a colportar con periódicos y libros: "La obra de colportaje es un importante campo de trabajo; y el colportor que teme a Dios y ama la verdad ocupa un puesto igual al del pastor evangélico. ¿Debe entonces el colportor sentirse en libertad, más que el pastor ordenado, para actuar a base de motivos egoístas? ¿Debiera ser infiel a todos los principios de la obra misionera, y vender solamente aquellos libros que son los más baratos o los más fáciles de manejar, dejando de colocar ante la gente los libros que darán más luz, porque al hacerlo puede ganar más dinero para sí? La obra de colportaje es una obra misionera, y el campo debe ser trabajado desde un punto de vista misionero. Los principios egoístas, el amor a la dignidad y la posición, no deben ser nombrados ni una sola vez entre nosotros. El pensamiento de tratar de llegar a ser el mayor nunca debe afluir a nuestra mente".

Tampoco es el objetivo de la predicación el divertir. Algunos ministros han adoptado un estilo de predicación que no tiene la mejor influencia. Ha llegado a ser un hábito en ellos entretejer anécdotas en sus discursos. La impresión así hecha sobre los oyentes no es un sabor de vida para vida. Los ministros no deben colocar historias divertidas en su predicación. La gente necesita forraje puro, cuidadosamente desprovisto de tamo. "Predica la palabra", fue el encargo que Pablo dio a Timoteo, y ésta es también nuestra comisión. El ministro que mezcla el relato de historias en sus discursos está usando fuego extraño. Dios resulta ofendido, y la causa de la verdad es deshonrada, cuando sus representantes descienden al uso de palabras baratas y frívolas (Review and Herald, 22 de diciembre de 1904).